En un trabajo sobre acceso a la información, el académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, John Ackerman, e Irma Sandoval, nos dan luz sobre este derecho que tenemos como ciudadanos. Nos indican que la primera ley de acceso a la información data del año de 1766 en Suecia, con la aprobación de la Freedom-of-press and the right-of-access to public records act(Ley para la Libertad de Prensa y del Derecho de Acceso a las Actas Públicas). Pero también nos advierte que los suecos lo hicieron siguiendo un modelo de la dinastía Ch’ing de China. (Como siempre, los orígenes de muchas instituciones occidentales no están en Occidente, sino en culturas que nos hacen ver como no-universales.) La institución encargada de aplicar dichas leyes se hacía llamar Buró de Censura Imperial (Imperial Censorate). Pero la censura no era de parte del gobierno hacia los ciudadanos, sino al revés, pues era “una institución basada en la filosofía humanista confuciana (cuyos) roles principales consistían en vigilar cuidadosamente al gobierno y a sus funcionarios y exhibir sus incompetencias, sus ineficiencias burocráticas y sus prácticas de corrupción”.
Queremos compartir el resultado de dos días de intenso trabajo en el municipio de San Luis Acatlán, el pasado 18 y 19 de Marzo de 2011 en el que nos reunimos más de 20 organizaciones de medios locales, libres y alternativos con el objetivo de diseñar y desarrollar una campaña de comunicación en contra de los proyectos transnacionales de minería que pretenden despojar de sus recursos naturales a los pueblos de la región costa-montaña de Guerrero, desplazando a miles de personas, contaminando sus ríos y amenazando el proyecto de autonomía e impartición de justicia creado desde hace 15 años por la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias y la Policía Comunitaria.
Hace ya cuatro años se dio a conocer una noticia que una vez más dividió a la de por sí ya polarizada sociedad oaxaqueña. Leticia Valdés Martell denunció la violación de la que había sido objeto su pequeño hijo de ese entonces cuatro años de edad, en el Instituto San Felipe, el que por sus relaciones con el poder sigue con las puertas abiertas para seguir "recibiendo" niñas y niños al cuidado de quienes deberían protegerlos.
El documental Vientos de Resistencia expone, a través de testimonios de comuneros-as, activistas y expertos, la historia de engaño y falso "desarrollo" que se esconde detrás del proyecto eólico del Istmo.