A los intelectuales de mi patria, les quedan dos caminos: dedicar su esfuerzo y actividad al desarrollo de las ciencias, de las artes, de la cultura con el propósito de darse nombre y brillo intelectual, o bien entregar toda su capacidad creadora y toda su voluntad para establecer las bases técnicas y científicas de un amplio y sano desarrollo de México. La primera posición proporciona honores, distinciones, y pingües beneficios económicos pero da la espalda a la historia. La otra de frente al futuro, sólo ofrece riesgos y privaciones, pero allá en lontananza, permite vislumbrar la verdadera libertad de nuestros pueblos y con ello su salvación definitiva. Heberto Castillo
He escrito algunos textos en estas últimas semanas sobre personas que desafortunadamente han fallecido, pero ninguno ha sido tan difícil de escribir, por la cercanía que había con quien hoy también se nos ha ido. Pues ha fallecido don José Luis Sánchez Jacinto. Abogado por la UNAM y periodista tehuano, sobre todo tehuano. Un paisano que jamás abjuró de su condición bini Guisi’i. Pudo haber transitado por ideologías políticas diferentes, pudo haber tenido una línea periodística al principio y después otra. Pero hubo algo que nunca abandonó, que nunca traicionó y ni siquiera puso en duda, su tehuanidad, su zapotequidad tehuana, su ser bini reu. Notas biográficas habrán ya escrito. No me interesan fechas, lugares exactos. Me interesa la obra, me interesa el camino que abrió y hoy nos deja para seguir andando.
Anoche tomé un avión para ir a Italia. Tenía que llegar a la Toscana a encontrarme con amigos y compañeros para compartir con ellos experiencias de luchas en América Latina. No pude llegar a mi destino porque al gobierno gringo se le ocurrió que yo no tenía derecho a pasar ya no digamos por su territorio, sino tampoco por su “espacio aéreo”... así fuera en una línea aérea supuestamente mexicana -AeroMéxico- que operaba un vuelo de otra línea de otro país distinto -Alitalia-... y sin importar que lo más cerca que iba a estar de “su territorio” fueran 30,000 pies de altitud.
A cuatro años, que se traducen en 48 meses, 17 mil 520 días y 420 mil 480 horas, nada se sabe de Daniela y Virginia Ortiz Ramírez desaparecidas en la mixteca oaxaqueña un 5 de julio de 2007. En ese entonces, Virginia tenía 20 años y su hermana Daniela apenas 14.
Su desaparición es parte de una cadena de agravios cometidos contra mujeres triquis, que se recrudecieron a partir de 2006, cuando las disputas por el territorio triqui entre los grupos políticos que se fueron conformando a lo largo de las dos últimas décadas del siglo pasado se hicieron más cruentas, crueles y manoseadas por políticos sin escrúpulos, creando una secuela dolorosa de asesinatos, desapariciones, despojos, violencia sexual, migraciones forzadas y otros incontables actos que no terminan, donde las mujeres como Daniela y Virginia se convirtieron en el botín de la guerra inter-étnica.
Las Caracolas. La suma se incrementa. La mañana de este miércoles 29 de junio eran 40 las mujeres asesinadas en Oaxaca en los primeros 211 días de la administración gubernamental de Gabino Cué.
La violencia contra las mujeres no tiene límites. La realidad nos supera y las sin-razones para asesinar mujeres no encuentran después de años de insistencia un sitio en las legislaciones, los organismos que operan eso que llaman procuración de justicia son omisos e incompetentes y los jueces dan penas menores a quienes asesinan mujeres o salen libres en sólo unos meses por “buena conducta”. Los hechos son contundentes, demostrables todos.
La Convivencia Regional Gastronómica Agrícola y Cultural, realizada en Santa María Tlahuitoltepec Mixe, fue el punto de reunión de productores de la Sierra Mixe de Oaxaca, quienes convivieron y difundieron sus comidas, artesanías, frutas, verduras y semillas.