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Los grupos estudiantiles en la víspera del 68 Durante buena parte de los años sesentas las actividades universitarias transcurrieron con toda tranquilidad en las distintas escuelas de la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca. Si acaso la cotidianidad se alteraba por los enfrentamientos de algunos pandillas de los entonces llamados “rebeldes sin causa” con sus chamarras de cuero negras, sus cadenas y filosos puñales que se hacían eco en algunos puntos de la ciudad de Oaxaca o los conflictos que a veces se generaban por los partidos de futbol entre la secundaria 14 (ahora numero 1) y la secundaria de la universidad, que quedaba a un costado de aquella y en las ambas protagonizaban sendas “piedrizas”, afortunadamente sin mayores consecuencias que algunos raspones y descalabros.
A fines de los sesentas las elecciones de la Federación Estudiantil Oaxaqueña (FEO) que representaba a los estudiantes universitarios, se disputaban entonces entre varios grupos vinculados al Partido Revolucionario Institucional entre los que destacaban los seguidores de Sergio el “oso” Canseco y un nuevo grupo surgido en aquellos años, la Tribuna de la Juventud, que a nivel nacional dirigía el oaxaqueño Heladio Ramírez López que en Oaxaca contaba entre sus seguidores a Jaime Ruiz Canseco y Abraham Martínez Alavez quienes, a golpes, chacos y kendos con porros enviados por Heladio Ramírez, lograron enfrentar a los golpeadores del “oso” y fueron así electos así presidentes de la FEO en 1967 y 1968 respectivamente. Al grupo de la Tribuna de la Juventud también pertenecían Fernando Barrita López, Demetrio Saavedra, Eusebio Zárate Silva y otros.
Otra facción estudiantil la encabezaban algunos líderes del Movimiento Juvenil del PRI entre quienes se encontraban Raúl Bolaños Cacho, Efrén Ricárdez Carreón y Sadot Sánchez Carreño, todos ellos después diputados federales y el último senador por el mismo partido.
En la Preparatoria Nocturna y otras escuelas había otro grupo de estudiantes que en 1968 se identificaría como Los Katangueses, de este, Cipriano Rojas, que formaba parte del mismo grupo dice en una entrevista publicada en la revista Humanidades: “En Africa había un grupo katangués quienes eran muy radicales. De nosotros decían eso, muy radicales. Estábamos Moisés González Pacheco, José Antonio Castillo Viloria, José Guadalupe Millán, Daniel López Nelio, yo y otros”.
Otro grupo juvenil, el Club Palestra, tenía una orientación clerical católica, estaba ligado a los Caballeros de Colón. El club se movía en distintas instituciones educativas, algunas de carácter privado y era encabezado por Manuel de Jesús Ortega, entonces estudiante de arquitectura y quien llegó a través de una alianza electoral a la tesorería de la FEO durante la presidencia de Abraham Martínez Alavez. Manuel Ortega también tenía influencia en la escuela de arquitectura de la Universidad donde estudiaba junto con Mateo García Pujol, quien presidió la Mesa Directiva de la escuela y en la que participaba también Francisco José Santibáñez, quien llegaría a ser Secretario de Obras Publicas durante el gobierno de Manuel Zárate Aquino. Menciono a todos estos personajes porque después de 1968 seguirían activos en la política universitaria y algunos en el gobierno después de aquel año y sus figuras destacarían en otros conflictos de carácter político, unos al lado del gobierno, otros contra el gobierno.
Otro grupo, fundado varios años atrás, en los años cincuentas, por Enrique Pacheco Alvarez, Manuel Ruiz Daza y Manuel Iglesias Meza entre otros y quienes, ya en los años sesentas ocuparían distintas posiciones políticas en el gobierno del estado y a nivel federal, era el Frente Estudiantil “Benito Juárez”. Una de las actividades realizadas por el Frente, sería la organización de los llamados “ juegos florales” en homenaje a don Benito Juárez realizados con ocasión de los aniversarios de su natalicio cada 21 de marzo. Alberto Canseco era quien lo encabezaba entonces.
Los juegos florales de la UBJO concitarían a poetas de todo el país. La ceremonia de premiación de los juegos florales se haría en el teatro Macedonio Alcalá ante la presencia bulliciosa de los estudiantes distribuidos en los palcos del teatro y con el “sarao” y la asistencia de una reina de los juegos, madrinas y embajadoras de las escuelas, generalmente muchachas distinguidas de la elite oaxaqueña, de la llamada “vallistocracia”. Los juegos florales darían ocasión a un baile de gala en el patio central de la Universidad.
El liceo Juárez
En la Preparatoria diurna se formaría a principios de 1968 el Liceo Juárez. Aunque las relaciones informales entre sus integrantes vendrían desde la secundaria y en algunos casos desde la primaria en que habían compartido los salones de clase. La cabeza visible de esta organización era Jorge Machorro quien había contendido por la presidencia de la mesa directiva de alumnos en aquel año y cuya planilla a la postre había salido derrotada por la que encabezaba Jorge Castro. De nuestra derrota surgiría el Liceo Juárez.
De este grupo formábamos parte entre otros, Rafael Gasga Iturribarría, Ernesto Velásquez León, Heliodoro Díaz Escárraga, Gabriel Mayoral, Enrique Díaz Camacho, Víctor Martínez Guzmán, Rodrigo Velásquez, Paulino Castellanos y quien esto escribe. Algunos otros compañeros se habían incorporado a nuestras actividades también, aunque de manera un tanto marginal, colaborando en tareas muy puntuales y específicas.
Las actividades del Liceo Juárez se concretarían entonces a promover conferencias, eventos de teatro, exposiciones y discusiones de lecturas de literatura y filosofía en los que se discutían entre otros a los autores del llamado “boom” latinoamericano.
Dentro de las actividades que organizó el Liceo y con las que se dio a conocer con tal nombre, se encuentran las presentaciones de Jorge Martínez Ríos, sociólogo oaxaqueño ya fallecido, tío mío, hermano de mi padre, quien nos habló de las culturas oaxaqueñas, y la de Jorge L. Tamayo, economista y geógrafo, quien charló de los problemas económicos de Oaxaca. El Liceo, a pesar de la coyuntura electoral, en realidad fue el resultado organizativo de varios años de convivencia y en las que las lecturas, las diversiones, el juego y las angustias existenciales se habían convertido en patrimonio común. Supongo que igual ocurría con otros grupos universitarios.
El nuestro frecuentemente se veía envuelto en discusiones informales sostenidas en la preparatoria, los parques públicos o la sala, los pasillos, el patio de la casa de Rafael que frecuentamos asiduamente y en donde hablamos de la filosofía griega, la patrística, y tomística, la teoría aristotélica de la causalidad, la hipótesis de Samuel Ramos sobre la inferioridad del mexicano, en fin, sobre temas que en ocasiones nos llevaban al umbral de la madrugada. Olguita, la mamá de Rafael, siempre nos tenía algo para comer, si no hubiera sido imposible resistir tan prolongadas jornadas.
Teníamos ciertos hábitos que permitían alimentar también nuestra apetencia intelectual, entre ellos la lectura semanal del “Diorama de la cultura” de Excélsior, el suplemento de la revista Siempre, creo que dirigido entonces por don Fernando Benítez, pionero y pilar del periodismo cultural en México. Acostumbrábamos devorar también cuanta obra literaria caía en nuestras manos de autores latinoamericanos, así desfilaron ante nuestros ojos las obras de García Márquez, Vargas Llosa, Juan Rulfo, Julio Cortazar, Carlos Fuentes, Revueltas, Neruda, Yánez, Valadéz, incluso las de José Agustín y otros que empezaban a destacar. La literatura de Kafka, Huxley, Hesse, tampoco nos era extraña, como la lectura de ciertos filósofos que alentaban las inquietudes generadas en la clase filosofía y los gruesos tomos de Nicolás Abbagniano que le había comprado don Poncho, su papá, a Rafael.
La preocupación por el marxismo, aunque era incipiente, se empezó a organizar con la clase de nuestro maestro de filosofía Moisés González Pacheco, quien por cierto aun estudiaba el último año en la facultad de derecho. Su curso de filosofía fue importante para nosotros pues nos iniciaría en temas que después abordaríamos con mayor profundidad y sistema, particularmente después del movimiento estudiantil de 1968. Cabe aclarar que en el Liceo Juárez no es posible distinguir una orientación política definida; nuestra preocupación estaba en la cultura en general y la afición por la lectura.
Dentro de las actividades del Liceo recuerdo las presentaciones del grupo de teatro universitario de Rodolfo Álvarez con “La casa de Bernarda Alba”, la exhibición de películas, y exposiciones en coordinación con diversas embajadas, la promoción de conferencias sobre los mas diversos temas, las conferencias del gran orador que fue don José Muñoz Cota, a quien invitamos acicateados por las dotes oratorias y declamatorias de Jorge y Heliodoro, quienes habían sido contendientes entre si en algunos concursos en la secundaria.
En nuestra sed de aprender y conocer entablamos contacto entre otros personajes con Arcelia Yañiz, conocida periodista que por cierto hoy frisa los noventa años y es objeto, por parte de la Asociación de Periodistas Oaxaqueños (APO), de la que fue fundadora, de un reconocimiento mas a su larga trayectoria , quien entonces formaba grupos de poesía coral en la escuela de Bellas Artes de la UBJO, con el arquitecto Armado Nicolau quien estaba encargado de la restauración del exconvento de Santo Domingo y nos prestaba las instalaciones para algunos eventos, con don Everardo Ramírez Bohórquez, encargado de Relaciones Públicas del gobierno del estado y después cronista de la ciudad de Oaxaca, quien nos prestaba paneles, mamparas y lámparas para exposiciones, o incluso con otros funcionarios del gobierno del estado y profesionistas que financiaban algunos gastos por medio de “bonos culturales” que les vendíamos a cincuenta pesos. No habíamos desarrollado aún un prejuicio frente a la autoridad gubernamental como ocurriría después del 68.
Nuestra maestra de química, Nerina Cibrario de Anglesio, originaria de Turín, también influía en nosotros de alguna manera, nos hablaba de la vida en Europa, su marido y otros científicos desarrollaban los estudios del llamado Plan Oaxaca que fueron muy importantes en aquellos años.
Nuestra inquietud nos llevaba a los eventos culturales que había en Oaxaca, desde luego estuvimos durante la visita a Oaxaca del poeta ruso Evgeni Evtushenco en 1968, quien venía acompañado de Carlos Monsivais, a quien leíamos con ahínco en los suplementos culturales. En esa ocasión nos entrevistamos con ellos. Asistimos a la obra El Gesticulador de Usigli que el maestro Basurto trajo a Oaxaca.
Por las noches, una forma de enterarnos sobre el mundo era escuchando Radio Habana y/o el noticiero de las 10:00 de la noche de la XEW, por el cual las informaciones que al día siguiente publicaría Excélsior llegaban a nosotros anticipadamente, gracias al viejo pero sorprendentemente eficaz radio de factura alemana de la familia de Rafael Gazga, cuyos papás eran farmaceuticos y bastante tolerantes con nuestras expresiones juveniles. En la misma farmacia de don Poncho se reunían algunos intelectuales oaxaqueños como Guillermo Rosas Solaegui. Olguita, su mamá, era sobrina de don Jorge Fernando Iturribarria, el historiador.
En nuestra preparatoria se seguía practicando la vieja enseñanza libresca y memorista, como la poesía que recitaban Jorge y Heliodoro en los concursos de declamación de la primaria y la secundaria. Los gruesos volúmenes de cada asignatura, elaborados algunos con un cincel positivista todavía, los teníamos que aprender casi literalmente para aprobar los cursos. Fechas, nombres, fórmulas, etc. tenían que ser grabados en la memoria con ese viejo cincel. El sistema de evaluación no admitía subterfugios premeditados, salvo las trampas del azar que siempre hace de las suyas; en cada materia había que desarrollar un examen oral para el cual se seguía el siguiente procedimiento: el jurado, siempre compuesto de tres miembros, tenía en su poder una copa de madera en la que se contenían un número de bolitas en igual número que los temas que componían el programa de la asignatura en cuestión. Cada alumno sustraía tres bolitas marcadas con un número que correspondería al que deberíamos desarrollar frente al jurado. Los alumnos teníamos que decir casi de memoria lo que hubiéramos leído del mismo. Si llegabas al diez era síntoma de que la ejecución había sido excelente a criterio del jurado. Desde luego no cualquiera lograba esto último, sin embargo, había quienes, como Rafael, se llevaba la mayoría de dieses en sus boletas. De cerca lo seguía Gabriel y luego Neto. Eran las inteligencias más brillantes de nuestro grupo. Después de ellos el resto les seguíamos en las calificaciones. Lamentablemente, los dos primeros fallecieron aun relativamente, jóvenes, Ernesto, antes de Rafael.
La formación crítica de la preparatoria estuvo lejos de nuestras expectativas en lo que a la mayoría de nuestros profesores se refiere, aunque no podemos dejar de reconocer que algunos tuvieron bastante que ver con nuestra formación. La mayor parte de nuestras inquietudes fueron retroalimentadas por nosotros mismos, y aquí desempeñaron un papel fundamental nuestras lecturas extraescolares y el movimiento estudiantil de 1968 que nos arrastró como un torbellino.
Después del movimiento del 68, la mayoría de los miembros de este grupo nos iríamos a estudiar a la Universidad Nacional Autónoma de México. Sólo permanecerían en Oaxaca Heliodoro Díaz y Gabriel Mayoral. Este último por cierto fue nombrado como consejero universitario y en tal condición viviría el movimiento de 1968. Rafael Gasga, se regresaría a Oaxaca un semestre después y llegaría a presidir la Federación Estudiantil Oaxaqueña en 1972. Desde ahí, junto con otros participantes del movimientos del 68, impulsaría la formación de la Coalición Obrero Campesino Estudiantil de Oaxaca y el Bufete Popular Universitario.
Los orígenes del movimiento
Todo empezó por una zacapela. Una riña, el 22 de julio, entre estudiantes de la Preparatoria Isaac Ocheterena incorporada a la UNAM y las vocacionales 2 y 5 del Politécnico Nacional el día 22 de julio. El 23 de julio, ocurrieron nuevos enfrentamientos entre los estudiantes. Se menciona incluso a varios porros como parte de los enfrentamientos. “Los granaderos”, policías del Distrito federal, lanzaron sus bombas de gas lacrimógeno, y golpearon estudiantes, profesores y empleados de las vocacionales.
El 26 de julio de 1968, la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos salió a protestar a las calles con dirección al Zócalo por las agresiones a sus compañeros. Ese mismo, integrantes de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) filial del Partido Comunista Mexicano, entonces sin reconocimiento legal, organizó una marcha con motivo del aniversario de la revolución cubana.
Cuando concluyó la primera de las manifestaciones, grupos de estudiantes politécnicos se sumaron a la otra y los exhortaron a dirigirse al zócalo, terreno intocado hasta entonces para las protestas sociales de la época. Caminaron por las calles 5 de mayo y Madero. En el trayecto, la policía les cerró el paso a la altura de la calle de Palma y por atrás se apostó en la de San Juan de Letrán, ahora eje Lázaro Cárdenas, mientras, desde las calles perpendiculares, grupos de policías empezaron a agredir a los manifestantes.
Empezaron entonces nuevamente los enfrentamientos entre la policía y los estudiantes quienes se desplazaron a los alrededores de las preparatorias 1 y 3.
En los días posteriores, nuevas colisiones se dieron de manera intermitente entre la policía y los estudiantes. Gustavo Díaz Ordáz, presidente de la República, a solicitud de Luis Echeverría Alvarez, secretario de gobernación y Alfonso Corona del Rosal, jefe del entonces Departamento del Distrito Federal, ordenó la intervención del ejercito. Según la versión oficial, la participación de las fuerzas castrenses fue “en auxilio de la Policía Preventiva” y por “la agresividad de los estudiantes y la incapacidad de los granaderos” para controlar “los desmanes” estudiantiles.
El gobierno empezó a fraguar incluso en la opinión pública la hipótesis de la conjura comunista. La policía incluso realizó detenciones de algunos dirigentes del Partido Comunista y allanó las oficinas del Comité Central.
En la madrugada del 30 de julio, el ejército entró a las preparatorias 1,2, 3 y 5 de la UNAM y la vocacional 5 del Politécnico Nacional y en un hecho sin precedentes, disparó una bazuca contra las antiguas puertas de la Preparatoria de San Idelfonso.
Este hecho sería calificado como una violación a la autonomía universitaria y condenado por el rector Javier Barros Sierra, quien, el primero de agosto, luego de leer un comunicado en la explanada del edificio de rectoría, encabezaría una manifestación de profesores, estudiantes y empleados, en la que participaron alumnos no solo de la UNAM, sino del Politécnico Nacional, la Universidad de Chapingo y la Normal de Maestros. La marcha se desplazó desde la UNAM hacia Felíx Cuevas y tuvo aproximadamente cinco kilómetros de largo. El movimiento estudiantil de 1968 había empezado.
El pliego petitorio incluyó: 1) la destitución de los jefes policíacos (Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero); 2) la desaparición del cuerpo de granaderos; 3) la liberación de los presos políticos (entre ellos Demetrio Vallejo y Valentín Campa, líderes ferrocarrileros) y 4) la disolución del artículo 145 y 145 bis del Código Penal Federal relativo al delito de “disolución social” que se imputaba con frecuencia a los disidentes políticos; 5) indemnización para los heridos y familiares de los muertos y 6) “el deslindamiento de responsabilidades de los actos de represión y vandalismo por parte de las autoridades por conducto de la policía, granaderos y ejercito”.
En la ciudad de México los estudiantes se declararon en huelga en los primeros días de agosto y constituyeron el Consejo General de Huelga con representantes estudiantiles de distintas instituciones, 3 por cada escuela del IPN, la UNAM, Chapingo y la Nacional de Maestros, aproximadamente 200 delegados. Acordaron entonces formar brigadas y recorrer el país en busca de solidaridad.
El movimiento en Oaxaca
A Oaxaca llegaron algunos estudiantes de la ciudad de México que se entrevistaron con distintos grupos, entre ellos, el Liceo Juárez, cumplíamos entonces la mayoría de nosotros 17 años y estudiábamos en la preparatoria de la Universidad, recuerdo entre quienes vinieron, a Juan Manuel Hernández Castellanos, después también llegó el oaxaqueño Cuauhtemoc González Pacheco, que entonces estudiaba segundo año de economía en la UNAM. Igor Barahona también llegó por aquí. Las entrevistas también se dieron por supuesto con la Federación Estudiantil Oaxaqueña que era la principal organización estudiantil, entonces dirigida por Abraham Martínez Alavez.
Otras pláticas fueron con estudiantes normalistas de Reyes Mantecón, del Instituto Tecnológico de Oaxaca, de la Centro Regional de Educación Normal así como la Normal de Tamazulapam, escuelas que tuvieron una participación importante en el movimiento.
Por nuestra parte, el 1 de agosto, luego de la plática que a instancias de nuestro profesor de filosofía, Moíses González Pacheco, tuvimos con Juan Manuel, por la noche realizamos pintas contra la represión en distintas partes de la ciudad las que, en ese momento, causaron un fuerte impacto en la tranquila y verde “antequera”.
Con la participación de la Federación Estudiantil Oaxaqueña y las mesas directivas de alumnos de las escuelas y otros grupos estudiantiles, se organizaron dos marchas, una de ellas en defensa de la autonomía universitaria realizada el 6 de agosto y encabezada por el propio rector de la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca, Agustín Márquez Uribe y en la que participaron los catedráticos (as). La marcha salió de la Preparatoria donde se encontraba el núcleo mas activo del movimiento en ese momento y concluyó en el gimnasio universitario ubicado en el edificio central.
La protesta se extendió a otros centros de estudios. El 8 de agosto paralizaron actividades estudiantes juchitecos. Dos días después los estudiantes del Instituto Tecnológico también iniciaron un paro que duró varios días. Según Luis Madrigal que era entonces dirigente de la Mesa Directiva de alumnos enviaron al vicepresidente de la misma a informarse a la ciudad de México “para enterarse de lo que pasaba. Regresó y nos trajo unos volantes y su versión personal de lo que vio”, dice en su testimonio publicado en la revista Humanidades.
Después, la entonces UBJO (no era todavía autónoma), entraría en huelga el 17 de agosto formándose para ello el Consejo Estudiantil de Huelga. Moisés González Pacheco se convertiría de alguna manera en el principal dirigente del movimiento del 68 en Oaxaca, aunque formalmente otros llevarían la representación formal. En el Comité de Huelga se distinguirían José Antonio Castillo Viloria, José Guadalupe Millán, Cipriano Rojas, Eusebio Zarate Silva, Jorge Machorro, Demetrio Saavedra, entre otros.
Entre los nombres que me ha hecho recordar Cipriano Rojas, se encuentran algunos de los ya mencionados, Daniel López Nelio, el maestro Jesús Ramírez y su hermano “el zorri”, Alberto Vásquez, Raúl Castellanos y su hermano Eduardo, Jaime Ruiz Canseco, Fernando Barrita, Filemón Pérez, otros de quienes solo recordamos su apodo, el “bazucó”, el “peluche”, entre muchos.
Los estudiantes universitarios, junto con otros del Tecnológico y la Normal empezamos por nuestra parte a organizar brigadas de información a otras escuelas y poblaciones. Realizamos mítines “relámpago” en los camiones, mercados y lugares públicos de la ciudad de Oaxaca y poblaciones de los Valles Centrales. Otros estudiantes se desplazaron incluso al interior del estado. Efraín Valencia Romero me ha comentado de su visita a Matías Romero, la tierra del mismo Demetrio Vallejo de quien se pedía su liberación y donde sufrieron agresiones los brigadistas.
La huelga en el Tecnológico solo duraría unos días pues los estudiantes fueron intimidados con la amenaza de que podría cerrarse la escuela que tenía poco tiempo de creada. A mediados de septiembre el ejército acordonaría incluso el Tecnológico con el pretexto de la visita de dos brigadistas de la ciudad de México y quienes habían llegado a informar del curso de los acontecimientos
Por otra parte, la huelga dividió a la Universidad en dos bandos: los simpatizantes del movimiento y los opositores a este, entre los que se encontraban los dirigentes juveniles del PRI quienes se pronunciaron contra la huelga y la combatirían durante todos estos meses.
El propio dirigente de la Federación Estudiantil Oaxaqueña, Abraham Martínez Alavez, se retractó del apoyo inicial y publicó un desplegado en el periódico el Imparcial el 11 de agosto en el que concluía lo siguiente: “No somos parte, ni queremos serlo de esa minoría ambiciosa y egoísta que por satisfacer recónditos anhelos de sobresalir aunque sea como seres negativos, pretenden sostener un estado de anarquía y desconfianza; nos indignamos ante la violación de la Autonomía Universitaria y desde aquí damos un voto de confianza a los verdaderos estudiantes que defienden ese sagrado derecho que tanto ha costado, pero que quede bien claro que no estamos dispuestos a servir de ninguna manera a los provocadores que pretenden oscuros fines, todos ellos contra México, valoramos y defendemos las causas justas, pero de Oaxaca y menos de la universidad “Benito Juárez” de Oaxaca, jamás surgirá un acto de traición a nuestra patria”.
Después de varios pronunciamientos en contra del movimiento, Martínez Alavez fué desconocido así como otros miembros de la Federación Estudiantil Oaxaqueña entre los que se encontraba el tesorero Manuel de Jesús Ortega. En respuesta, Ortega y algunos dirigentes juveniles del PRI como Efrén Ricardez Carreón, Raúl Bolaños Cacho, Sadot Sánchez Carreño, Sergio Canseco, se apoderaron del edificio central tratando de romper la huelga. Después fueron desalojados por simpatizantes del movimiento estudiantil.
La represión
Los estudiantes en paro nombrarían entonces como dirigente de la FEO a Eusebio Zarate Silva, quien días más tarde sería golpeado salvajemente por agentes gubernamentales. Era gobernador del estado Rodolfo Brena Torres quien, había sido contemporáneo en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca del Presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz.
El 21 de septiembre fueron detenidos por soldados Rodrigo Cabrera y Rosalino Jiménez, delegados del CNH . En su testimonio, Rodrigo Cabrera me ha dicho que habían discutido con algunos militares llegando a ciertos forcejeos y golpes por lo que los detuvieron y los llevaron a la Mixteca donde los retuvieron durante varios días. Posteriormente los liberaron.
Unos días antes, el 10 de septiembre el Comité Estudiantil de Huelga pidió la destitución del entonces director de la Preparatoria Diurna Fernando Gómez Sandoval, así como del catedrático Ernesto Miranda Barriguete “por sus nexos políticos” con el gobierno y por “desvirtuar el movimiento de huelga”. A Barriguete lo acusaron de ofrecer dinero a algunos estudiantes a cambio de dejar el movimiento. Ambos tendrán después importantes cargos en la administración pública, el primero de ellos sería nombrado Secretario de Gobierno y posteriormente, en 1970, gobernador interino. A mediados de septiembre el llamado Frente Estudiantil “Benito Juárez”, formado desde los años 50 y que entre otras actividades, impulsaba los juegos florales en homenaje al Benemérito, se dividió también ante estos hechos. Una de las facciones publicó un manifiesto en contra del movimiento, otros se mantuvieron fieles a este.
Oaxaca se encontraba en una coyuntura electoral, se realizaban elecciones de gobernador, diputados locales y presidentes municipales, el 25 de septiembre se declararía como gobernador electo a Víctor Bravo Ahuja. El PRI en aquel entonces estaba en todo su apogeo no solo en el estado, sino en el país entero. Movimiento que se encontrara fuera del sistema estaba condenado a ser reprimido. El PRI-Gobierno controlaba la Cámara de Diputados, el poder judicial, la prensa, los medios electrónicos, los municipios, etc. todos estos actores actuarían contra el movimiento estudiantil que representaba una afrenta para sistema político mexicano y su figura emblemática: el “Sr. Presidente”.
En el Distrito federal el movimiento crecía, los estudiantes recibían múltiples muestras de apoyo, el propio Consejo Universitario avalaría sus demandas.
El 27 de agosto, luego de una multitudinaria manifestación que llegó al zócalo, a instancias de Sócrates Amado Campos Lemus, quien así lo planteó desde el micrófono sin que fuera un acuerdo del Consejo General de Huelga, la multitud decidió entusiasmada permanecer en la explanada, tocaron las campanas de la catedral e izaron una bandera rojinegra en el asta del mismo; supuestamente se trataba de presionar para lograr un diálogo público con el presidente. Por la madrugada del 28 fueron desalojados por el ejercito quien sacó sus tanquetas a las calles, fueron detenidos 300 estudiantes y ciudadanos del pueblo. No siempre la provocación osada y la aprobación de la multitud son muestra de sabiduría política. Es importante la reflexión sobre los pros y contras de una medida política.
El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, permanecería cerrado a la negociación y al diálogo público que pedían los estudiantes. El discurso anticomunista propio de la guerra fría se utilizaría como solía ocurrir con los disidentes al régimen, así había ocurrido con el movimiento magisterial y el movimiento ferrocarrilero en 1956 y 1958 respectivamente y por los cuales habían sido encarcelados los dirigentes cuya liberación ahora exigían los estudiantes: Othón Salazar, Demetrio Vallejo, Valentín Campa, entre otros.
Aunque el Presidente en su informe del primero de septiembre de dicho año ofreció su “mano tendida” al movimiento estudiantil que crecía, esto fue solo para preparar el golpe represivo de la otra extremidad. El régimen autoritario no conoce el diálogo, solo el monólogo.
El 13 de septiembre, con los estudiantes presos del 27 de agosto, se realizo la célebre marcha del silencio en la que las voces acalladas de los estudiantes decían más que los miles de gritos lanzados en marchas anteriores. Se calcula que asistieron a ella 300 mil personas, un número sorprendente en aquellos años.
Por aquellos días, Díaz Ordaz endureció su posición y ordenó entonces al ejército la toma de la Universidad Nacional Autónoma de México, misma que se efectuó el 18 de septiembre. Muchos profesores que se encontraban ahí tuvieron que salir apresuradamente, entre ellos el ingeniero Heberto Castillo, quien después sería detenido y encarcelado como otros profesores universitarios. En las decisiones mucho tenía que ver, aunque luego lo negara, el secretario de gobernación, Luis Echeverría Alvarez, a quien se considera corresponsable de la represión.
El 24 del mismo mes, los militares se apoderaron los principales bastiones del Instituto Politécnico Nacional: el caso de Santo Tomas, Zacatenco y la Vocacional 7. Según el llamado “Libro Blanco el 68”, elaborado por la PGR en aquellos años y mencionado por la Jornada en su edición del 24 de septiembre reciente (2008), en la toma del Casco de Santo Tomás, el ejército utilizó 15 carros blindados y seis transportes con 600 militares así como policías judiciales con rifles M-1 y lanzagranadas. Zacatenco fue ocupado por mil soldados trasladados en 13 tanques ligeros y 30 transportes, interviniendo además 59 patrullas de la Policía Preventiva y 150 agentes judiciales. El mismo documento reporta dos estudiantes encontrados muertos en la escuela de Ciencias Biológicas, Angel Martínez Velásquez y Luis Lorenzo Ruiz Ojeda, 40 heridos y 93 personas puestas a consignación por incitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataques a las vías generales de comunicación, robo, despojo, secuestro, y “los que resulten”. Entre los detenidos se reportó al filósofo y exrector de la Universidad Nicolaita de Michoacán, Eli de Gortari, el director de la revista “Política”, Manuel Marcué Pardiñas y la pintora Lina Lazo.
A causa de la toma de la UNAM por el ejercito, el rector Barros Sierra presentó su renuncia, la que no le fue aceptada por el Consejo Universitarios. Más tarde, el 30 de septiembre, el ejército entregó las instalaciones al rector, tal vez para preparar otro golpe trágico para el movimiento: el 2 de octubre.
El 2 de octubre
El 2 de octubre, los estudiantes convocaron a una concentración en la Plaza de las tres culturas de Tlatelolco.
A pesar de que había un acuerdo del Consejo General de Huelga de que no estuvieran sus miembros, la mayoría de ellos, si no es que el Consejo en pleno, se encontraban ahí, lo que después facilitaría su detención.
El lugar estaba rodeado de militares y policías, algunos, como suele ocurrir, infiltrados dentro de la multitud. Se ha mencionado por testigos de los hechos que, en distintos puntos de la zona, había personas que portaban un guante blanco en la mano, después fueron identificados como miembros batallón Olimpia creado por el jefe del estado mayor Presidencial Luís Gutiérrez Oropeza, supuestamente para proteger los juegos olímpicos de ese mismo año en la ciudad de México. El batallón Olimpia jugaría un papel clave en provocación y la masacre del 2 de octubre. Algunos de sus integrantes estaban apostados como francotiradores en distintos edificios del conjunto habitacional de Tlatelolco.
A las cinco de la tarde empezaría el mitin. Se estima que asistieron alrededor de 8 mil personas. Entre las 18:10 y las 18:15, dos helicópteros sobrevolaron el lugar, lanzaron dos luces de bengala y casi al mismo tiempo, desde el edificio Chihuahua de aquel conjunto vecinal, un francotirador, que se supone pertenecía al batallón Olimpia, disparó una ráfaga de balas. Los francotiradores continuaron disparando e hirieron al general Hernández Toledo quien se encontraba al frente de los soldados, estos tenían instrucciones de disparar, solo si algún oficial, como fue el caso, resultara herido. Comenzó entonces la matazón. Los estudiantes y público asistente, como lo muestran las fotografías y tomas fílmicas que hoy conocemos, corrían hacia todas direcciones mientras eran acribillados a mansalva. Se estima que al menos murieron 150 personas y más de 500 resultaron heridas. Algunos creen que la cifra de muertos fue cercana a los 300. Otros tantos fueron capturados y trasladados el campo Militar número 1. Muchos de los miembros del Consejo General de Huelga y otros activistas permanecerían presos durante varios años, al menos hasta 1971. Los pormenores pueden verse en el libro de Elena Poniatowska, “La Noche de Tlateloco”. Datos adicionales que apuntan al Batallón Olimpia y su jefe, el general Oropeza, que contiene declaraciones del entonces Secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán, se podrán encontrar en el libro de Julio Scherer García y Carlos Monsivaís titulado, “Parte de Guerra”.
Atrás de los hechos del 68 había muchos intereses. Muchas hipótesis se han levantado al respecto. No obstante los juegos de poder, el régimen político mexicano ponía al desnudo su naturaleza antidemocrática y autoritaria ante el mundo. La represión continuaría.
En la ciudad de México serian detenidos el 4 de octubre los estudiantes de la UBJO Juan Cruz Maldonado, Eulogio Reyes y Rafael Morales Monroy quienes fueron sorprendidos repartiendo volantes. Otro estudiante, Lázaro Cruz sería detenido el 8 de octubre.
En el estado de Oaxaca él ejercito amagaría en distintas ocasiones el edificio de la Universidad impidiendo las manifestaciones, en una concentración incluso frente al Edificio central de la UBJO, echaría sus vehículos contra la multitud provocándose heridas y golpes a los asistentes.
Después del 2 de octubre, en el seno del movimiento en Oaxaca empezarían las fracturas y dimisiones. A principios de noviembre, algunos estudiantes del Comité de huelga renunciarían al mismo pronunciándose por el regreso a clases. Surgió también el Comité de Lucha Pro Reformas Universitarias (CPRU) como un intento para mantener la organización y el movimiento. Entre sus demandas se encontraban: incremento de subsidio; que la terna para elegir rector no fuera propuesta por el gobernador; un departamento médico gratuito; que el Teatro Alcalá pasara a formar parte de la Universidad; la supresión de la secundaria y las carreras cortas.
El 19 de noviembre sería detenido Moisés González Pacheco cuando acompañado de su esposa circulaba en su carro frente al edificio del cuartel del 54 batallón de infantería, que entonces se encontraba a un costado de Santo Domingo. Después de varios días sin informar sobre su paradero, el 5 de diciembre, se daría a conocer que se encontraba en la ciudad de México acusado de incitación a la rebelión y asociación delictuosa. Sería trasladado a la cárcel de Lecumberri en el Distrito Federal donde permanecería encarcelado con los otros presos políticos de 1968.
En diciembre, en la escuela de Arquitectura, el Consejo Directivo de la sociedad de alumnos dirigido por Mateo García Pujol y José Francisco Santibáñez se pronunciaría en contra del Comité Pro- reformas universitarias llamando a ponerle un alto.
Finalmente, el 12 de diciembre, dadas las condiciones en que se encontraban la huelga en la Universidad de Oaxaca, esta sería levantada y las instalaciones entregadas al Consejo Universitario. En el acto tomaría la palabra el estudiante de medicina Antonio Castillo Viloria quien después sería electo como presidente de la Federación Estudiantil Oaxaqueña.
Según Cuauhtemoc González Pacheco, el movimiento tuvo algunos resultados y repercusiones en Oaxaca que son resumidos por el de la siguiente manera:
“Toma de conciencia de gran parte del estudiantado sobre los problemas políticos nacionales; Polarización al interior de la universidad de la lucha de clases; Se arrebató a los grupos gansteriles los órganos de dirección del estudiantado; Se logró por primera vez la unión de los estudiantes de las diferentes escuelas de Oaxaca; Se rompió el control de gobierno sobre las organizaciones estudiantiles”. ¿Seguirá esto siendo válido?
La historia del 68 no se detendría ahí, continuaría y, aun a pesar de sus 40 años, sigue estando presente.
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