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En los últimos años de su gobierno, Porfirio Díaz mandó construir en las inmediaciones de Mixcoac, en la capital mexicana, un recinto que fungiría como albergue para las personas con problemas mentales. Con el tiempo, La Castañeda se convirtió en un manicomio en donde se formaron la gran mayoría de los siquiatras de la época.
Sin ningún tipo de discriminación, La Castañeda funcionó desde el 1o. de septiembre de 1910 hasta 1968, año en que fue completamente demolido por órdenes de Gustavo Díaz Ordaz.
Aunque el objetivo inicial era bueno, La Castañeda funcionó la mayor parte de tiempo en condiciones infrahumanas, los embates de la revolución que comenzó recién inaugurado el manicomio, dejaron al descubierto las claras deficiencias que se tenían, tanto en cuestiones de infraestructura hasta en el funcionamiento médico, ya que varios investigadores han encontrado vacíos de información del tamaño de un pozo, expedientes con apenas el nombre de pila del paciente y lagunas en cuanto al archivo clínico.
Sin embargo, en el marco de los festejos del Bicentenario, el Museo Archívo de la Fotografía en la Ciudad de México, trajo de vuelta el manicomio y algunas de sus historias el pasado cinco de agosto, al inaugurarse la exposición La Castañeda: Imágenes de la locura 100 años después.
En una colección de 83 fotografías en plata sobre gelatina, esta exhibición muestra la vida cotidiana de los internos. En ocasión a un antigua muestra sobre las fotografías de La Castañeda, la escritora Cristina Rivera Garza hace un análisis sobre una foto en especial, es la imagen de una mujer joven de vestido largo oscuro:
"La mujer se parece a la actriz mexicana Salma Hayek. Digo esto de verdad. La mujer, que se sabe vista, a punto de ser capturada por la lente de una cámara fotográfica y que ya ha sido capturada con anterioridad por la clasificación médica de una institución de la Beneficencia Pública que responde, y esto puede ser comprobado, al nombre de Manicomio General La Castañeda, extiende y flexiona esos largos brazos, las manos abiertas al final de cada uno de ellos, como si detuviera un pedazo de vidrio. Un mimo. Es el gesto de un mimo. No sé, no puedo saber, no hay manera de saber, si la mujer que se parece a la actriz mexicana Salma Hayek está, verdaderamente, detrás de un vidrio. Lo cierto es que nos mira, a todos nosotros, a través. Se preguntaba Don DeLillo en esa maravillosa novela que es The Body Artist qué tipo de mundos imposibles verían los pájaros a través de nuestras ventanas. Yo me hago la misma pregunta. ¿Qué tipo de locura o de hastío o de corrupción estará viendo, ahora mismo, esa mujer que se parece un poco a Salma Hayek y otro tanto a ese pájaro de DeLillo que se detiene apenas en el borde de una ventana que ha decidido, por cuestión supongo de salud mental, no cruzar? Lo interesante, que no es lo mismo que lo importante, decía Deleuze, es nunca dejar de preguntarse qué es lo que ella ve. Qué tipo de mundo imposible somos todos nosotros, ahora mismo, reunidos aquí. Que para eso y no para otra cosa uno observa, ahora lo sé, las fotografías de un manicomio. Para gatear, claro, y para preguntarse de manera obsesiva y enferma y literaria y repetitiva qué tipo de mundo imposible constituimos todos nosotros aquí. Ahora".***
***Publicado en El Universal, martes 21 de noviembre de 2006.
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