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La contaminación lumínica se define como el exceso y mal uso de iluminación artificial en las zonas en donde no se necesita. Comúnmente, se relaciona el progreso de una ciudad con su nivel de iluminación, es por ello que la mayoría de las ciudades más grandes y ricas del mundo son también las más iluminadas. En noviembre de 2010, la NASA publicó fotos que demuestran que la ciudad con más resplandor y que más electricidad consume es Londres, en el Reino Unido.
En realidad, esta "distinción" a Londres la deja mal parada con ambientalistas y astrónomos. Las luces de las ciudades en general están dirigidas hacia el cielo, entonces la luz se dispersa y no funciona para iluminar lo que realmente interesa: el suelo de las calles.
Al contacto con las partículas del aire, la luz artificial produce un resplandor, casi siempre en tonos naranja, hacia el cielo nocturno que impide ver los estrellas y afecta directamente el ciclo biológico de las criaturas que viven de noche hasta incluso colocarlas en situación de riesgo y llevarlas a la extinción. El caso más conocido es el de las aves marinas y las tortugas. Se desorientan con la luz, se pierden y pueden llegar a morir.
Incluso el ser humano está programado naturalmente para estar activos durante el día con luz solar e inactivos durante la noche. Según una publicación de la agencia informativa EFE, el investigador del laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia, en España, los tonos azulados que refleja la iluminación de las casas y ciudades inciden en la aparición de cáncer de mama, próstata y colon, porque disminuye la secreción de la hormona melatonina que es la encargada, entre otras cosas, de controlar el ritmo circadiano, es un antioxidante de amplio espectro que protege al organismo frente a alteraciones degenerativas. Además las personas que trabajan por la noche suelen tener sobrepeso.
La cantidad y calidad del sueño también se ve influenciado por la intrusión de luz artificial del exterior hacia las habitaciones, es recomendable bajar los niveles de iluminación de los dormitorios a medida que pasa la noche hasta llegar a la oscuridad total.
En autopistas y carreteras, el exceso de iluminación causa en el conductor de vehículos un deslumbramiento que puede cegarlo por un periodo de tiempo tan corto como suficiente para provocar accidentes mortales.
De nada sirve tener un telescopio enorme y potente si está situado en una zona con extrema iluminación. La contaminación lumínica le ha negado a las generaciones actuales un patrimonio de la humanidad: el cielo oscuro lleno de estrellas.
La observación y estudio del cosmos ha sido una actividad que el hombre ha desarrollado desde siempre y por diversas causas el deleite en sí que significa una noche realmente estrellada, que ahora sólo es posible en una película o en un planetario, y su utilidad en actividades diversas como el cálculo y la orientación, entre otras.
En México, el primer observatorio nacional se inauguró en 1867 y fue ubicado en el Palacio Nacional. Para 1878 se traslada al Castillo de Chapultepec y desde 1971 se encuentra en San Pedro Mártir, cerca de Ensenada, Baja California. Todos los cambios se debieron a la intrusión lumínica que no los dejaba observar el cosmos. En San Pedro Mártir existe un reglamento que contempla el correcto alumbrado público, vial, ornamental y de parques, instalaciones deportivas, establecimientos, industrias, vehículos y demás actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera.
Se toma en cuenta también el apagado de anuncios espectaculares a partir de las 11 de la noche y los anuncios luminosos de establecimientos comerciales deberán apagarse al momento de cerrar la tienda al público.
Este tipo de reglamentos de prevención de contaminación lumínica existe no sólo en Baja California, un gran número de ciudades y municipios españoles han implementado la llamada Ley del Cielo que regula las emisiones de luz artificial hacia la atmósfera.
No se trata de oscurecer las ciudades, se necesita hacer un uso correcto de la luz artificial. Una ciudad muy iluminada no es garantía de una ciudad segura. En Japón, uno de los países más seguros del mundo, se instalan luminarias cada 200 metros.
En algunos lugares del país, como Boca del Río, en Veracruz; se habla de implementar alumbrado público con iluminación LED [diodos emisores de luz, por su siglas en inglés]; este tipo de lámparas ha significado una baja en el consumo energético de ciudades como Los Ángeles, California. Sin embargo, de acuerdo con Cel Fosc, asociación catalana contra la contaminación lumínica, aún no están probados los beneficios tan publicitados en campañas comerciales:
Nota de prensa – 3 de marzo de 2011 ...A igualdad de condiciones, hoy por hoy, con la tecnología LED todavía no se ahorra energía. Como ejemplo, una lámpara de halogenuros metálicos de temperatura de color de 3 mil K tiene una eficacia luminosa de 105 lúmenes por vatio, mientras que un LED de 3 mil K difícilmente supera los 65 lúmenes por vatio. Asimismo, la información comercial relativa al rendimiento y durabilidad de estas lámparas no está suficientemente garantizada. No se habla en absoluto del hecho, ya suficientemente constatado, que la luz blanca que emiten los LED que se comercializan actualmente es la más nociva para el medio nocturno y para la salud humana.
La propaganda comercial ignora que este tipo de luz es la que causa una mayor contaminación lumínica, ya que es la que se dispersa con mayor eficacia en la atmósfera, lo que incrementa el característico halo luminoso que se crea sobre las ciudades, afectando a las observaciones astronómicas y perturbando la oscuridad natural del medio nocturno a cientos de kilómetros de distancia de las mismas.
Para más información, puede consultar los siguientes links:
http://www.celfosc.org/esp/5minutos.html http://apagondocumental.blogspot.com/ http://www.circuloastronomico.cl/eco/luminosa/luminosa.html http://www.britastro.org/dark-skies/simulator.html#
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