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La ética disecada
Mutilar animales y llamarlo “ciencia” condena a la raza humana a un infierno moral e intelectual Grace Slick
El día 5 de mayo, un grupo de nuestra asociación protectora de animales, APAOAX A.C., realizó una protesta pacífica en la entrada de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (uabjo) en contra de la experimentación con animales (que efectúan regularmente catedráticos y alumnos de esa facultad).
Aproximadamente a las 11:30 de la mañana nos encontrábamos informando de esta situación a la ciudadanía y repartiendo volantes a los automovilistas que circulaban por la calle y avenida aledañas, cuando un grupo de estudiantes de la mencionada institución, haciendo alarde de sus inclinaciones inhumanas y su proclividad por la matanza de canes dentro de esta facultad, empezaron a gritar consignas como: “A nosotros sí nos gusta masacrar perros“, “A quién le importa, si son sólo animales”.
Estos estudiantes, exhibiendo su lenguaje, no sólo pobre y con errores en la conjugación (de esdrújulas –con retraso prosódico– que huyen de las escuelas y con enes que no alcanzan a las emes: “háyanos”, “vénganos”, etc.), siguieron respondiendo con belicosidad verbal a un intento de argumentación por nuestra parte, agredieron a las mujeres de nuestro grupo y nos injuriaron con expresiones como “ignorantes”, “pendejos”, etcétera.
¡Ah!, el lenguaje de nuestros futuros médicos, profesores de medicina o directores de facultad, que presumían su currículum y alardeaban de que son conocidos en toda la escuela de medicina;[1] bueno, ya los estamos conociendo también extramuros y nos preguntamos, ¿cuánto obtendrían de calificación en ética, en respeto a las ideas y a la libre expresión de éstas? Y también estamos conociendo la cultura y la educación que han recibido en las escuelas por las que han pasado y, probablemente, la educación y enseñanzas que sus familias les han inculcado
Alumnos que se escudarán con Hipócrates pero que en realidad son Josef Mengele en potencia, el tristemente célebre médico alemán que torturó y experimentó con miles de personas en los campos de concentración en Auschwitz. Ese comportamiento tan preocupante también afloró en una estudiante de medicina que se encontraba con ellos, quien espetó –contrariamente a la sensibilidad y compasión que la mayoría de la gente esperaría de una mujer– que sólo obedecían las instrucciones de los catedráticos y que por lo tanto hacían lo correcto. La ética sepultada por las alternativas de una calificación de “reprobado” o el sufrimiento y muerte de los animales.
He aquí a los remedos oaxaqueños de los torturadores y asesinos de perros en Nayarit. ¿En esas manos nos querremos poner? ¿Esas mentes y manos manejaran los bisturíes que a algún desafortunado tocarán por mala suerte?
Queremos aclarar que reconocemos el profesionalismo y la vocación de servicio de un buen número de médicos respetables egresados de esta facultad, que han contribuido al mejoramiento de los servicios de salud para los oaxaqueños y que han honrado la memoria y las palabras de don Benito Juárez plasmadas en esta frase: “La protección a los animales forma parte esencial de la moral y de la cultura de los pueblos civilizados”. Para ellos nuestro reconocimiento.
Pero no para aquellos que amparados en la formación médica a cualquier precio utilizan aún la experimentación con animales como método para la obtención de conocimientos en detrimento de otras áreas científicas como la ética, pues ésta, al ser soslayada, da pie a las prácticas bárbaras que deben quedar en lo más deplorable de nuestro pasado en cuanto a investigación.
Por lo tanto, DEMANDAMOS:
Que se suspendan inmediatamente las prácticas de experimentación con animales en la Facultad de Medicina y Cirugía de la UABJO y de la Universidad Regional del Sureste (URSE), que sólo muestran el más profundo desprecio por la vida en su sentido más amplio.
Se inicien las prácticas con simuladores mecánicos apoyados con programas por computadora.
Se multiplique la asistencia a hospitales como servicio social a las clases más desamparadas, donde hay mucho trabajo por realizar y muchas operaciones por efectuar.
Insistir y defender las salvajes prácticas de experimentación con animales es insistir y defender el atraso científico y la deshumanización.
Las acciones de provocación como la de los mencionados estudiantes (alardear de su poder sobre la vida y la muerte de los animales), su comportamiento prepotente y su desprecio hacia la vida, es dar pie a acciones similares que se repetirán en la práctica profesional, pero con humanos, sobre todo con la gente de escasos recursos, con los que no tienen adónde acudir o que necesitan de la asistencia social.
Porque queda también claro que el derecho a la protección de la salud sigue siendo para muchos mexicanos sólo un renglón en el artículo 4º de la Constitución Federal.
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