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OAXACA EN MOVIMIENTO. RELATO DE UN TALLER DE MEDICINA “ALTERNATIVA” EN OAXACA (Parte I)
“No es medicina alternativa, tampoco tradicional”, nos corrige amablemente Tina, una de las ‘madres’ responsables de coordinar un taller de medicina ¿“naturista”? que tiene lugar en la comunidad de Tenexpan, la cual se ubica en el municipio de San Pablo Huitzo, Oaxaca (…) Nos quedamos pensando cómo era eso, pero antes de reaccionar, ella prosiguió: “Sí, es la medicina de nuestros pueblos, la más primera en estas tierras, sólo que nos han hecho creer que la ‘mera mera’ es la de los médicos; y ésta, en realidad, es reciente, importada e impuesta y, en todo caso, puede ser una alternativa a la nuestra”. Es verdad ¿Por qué no lo habíamos pensado así? –nos cuestionamos-.
Las “madres” Tina y Mary (también las llaman “religiosas”) son dos valientes mujeres que trabajan en las comunidades de los valles centrales de Oaxaca. Su labor es voluntaria y su apuesta es por construir “una otra salud” y “una otra relación con nuestra Madre Tierra”, basadas en la recuperación de nuestros saberes y prácticas milenarias. Asisten a Encuentros de las resistencias, comparten lo que allí aprenden y luchan por aplicar cotidianamente sus nuevos saberes. Imparten talleres gratuitos de temas diversos, pero de manera central, sobre cómo sanar-nos, y proporcionan “consultas” en las que la gente da algo a cambio, si puede y quiere (en dinero o especie).
Las “consultas” las dan en la comunidad ya mencionada líneas arriba. No se dan abasto por tanta gente que llega a buscar la salud fuera de la institución médica, es decir, fuera y más allá de la medicina homeopática, la cual constituye todo un sistema que involucra a las empresas farmacéuticas, “al doctor” y su autoridad, y a las instituciones públicas y privadas de “salud”. “Lamentablemente –afirma Mary- la mayor parte de la gente que llega es de otras comunidades”. Nosotros, con sorpresa e incredulidad preguntamos, “¿Pero a qué lo atribuyen?”. “La gente tiene miedo a dejar las certezas –ilusas, además- que nos han vendido. Busca lo fácil y lo rápido porque ‘tiene que trabajar’, aunque eso signifique agresión a su cuerpo y daños colaterales”, responde Mary con cierto aire de tristeza e indignación contenidas. “Sí, lamentablemente nos han construido una fe ciega en la medicina química y en los médicos que, aunque nos cueste demasiado, no nos brinden atención y jamás sepamos lo que tomamos, seguimos yendo a buscarlos”, complementó Tina.
Hace apenas unos días nos vimos obligados, por las circunstancias y al no tener otra opción, a acudir al Hospital de la Niñez Oaxaqueña, ya que el pequeño “venceremos” tenía un dolor muy fuerte en su pene. Llegamos a urgencias y nos anotamos, era Domingo. Estábamos pensando en alguna alternativa para hacerle llegar a nuestros desmañanados estómagos un poco de alimento, cuando intempestivamente salió una joven con bata blanca y preguntó, ¿alguien más viene a consulta? Rápido levantamos nuestra mano, y sin alcanzar a decir una palabra, ella prosiguió: “pues apúrenle, pásenle, ándenles, que no hay tiempo”. “¿No nos equivocamos verdad, no estamos en algún cuartel militar o en una fábrica (…), este es un hospital que no?” nos preguntamos calladamente. Corriendo, y preocupados ante todo por nuestro pequeñito, no dijimos nada. “Buenos días” le dijimos a la joven doctora, que no nos respondió, “¿Cómo se llama el niño? ¿Qué le pasa?”; “Emiliano Edhai, Edhai con (…)”, “los apellidos, los apellidos (…) ¿Qué le pasa”, “Este, su-sucede que tiene un dolor muy fuerte (…)” “¿Desde cuándo?”, “Este, desde ayer por la tarde y suponemos que lo lastimamos ya que después de bañarlo y hacerle sus ejercicios fue que empezó, pero…” “¿¡Y quién le dijo que le hiciera esos ejercicios!?”. En una mezcla de temor, dudas y coraje, contestamos, “Pues la Doctora Lilia, trabaja aquí (…)”, “Ah, sí, sí, ya, ya… ¡Debe tener muchísimo cuidado, el pene es una parte muy, pero muy sensible; seguro lo lastimó. A ver, destápelo… Híjole, mire nomás lo que le hizo!”, “Lo que pasó es que…”. “Le vamos a recetar un pomada (…)”. En ningún momento intento revisarlo, ni siquiera dejo que le explicáramos los detalles de su dolor.
Ya podrán imaginarse el final de esta historia. Aunque seguro no es nada comparada a otras donde la humillación, la indiferencia, la negligencia, la prepotencia y otras situaciones terminan más rápido con quienes acuden a curarse, o por lo menos les generan más problemas de los que cargan. En la pequeña historia que les hemos compartido, la “autoridad” [médica] que se traduce en prepotencia y humillación (en agravio a quien acude con ellos) ni siquiera encontraron un matiz en “el médico” que nos atendió, quien era mujer y jovena, dado que éstas son (de)formadas [en las escuelas de medicina] para asumir ese rol androcéntrico. Deben actuar y pensar como “hombres”, esto es, sin sentimientos, frías y calculadoras dado que la profesión es racional y para seres racionales. Las mujeres, en ese lastroso modo de ser y pensar misógino y patriarcal, son seres sin ideas, irracionales y gobernadas por los sentimientos… [chalala, chalala… ¡Ah Ja!, ¿Cómo la ven?]
“Nuestros antepasados se curaban con plantitas y otras técnicas que ante todo exigían una gran humanidad y una concepción holística del cuerpo. Además, tenían siempre en cuenta que esos cuerpos eran, fundamentalmente, nodos de relaciones sociales no siempre armoniosas”… Guau, nosotros estábamos medios “idos”, sorprendidos de verdad. Por esa razón, y muy al contrario de la práctica médica predominante en las sociedades (disque) “modernas”, ellas, las madres Tina y Mary, comparten sus saberes, su tiempo y lo hacen de todo corazón. Cuando dan sus consultas jamás están viendo el reloj y menos han pensado nunca en cortar la palabra de quienes las buscan para encontrar una escucha y apoyo en su proceso de sanación. De igual modo, en lo último que piensan es en el dinero, ya que éste –parafraseando un poema de Mario Benedetti, “no se queda con ellas”, porque así lo han decidido desde hace tiempo. Además, “la gente es tan linda que jamás viene con las manos vacías, algo comparte, y pues así la sobrellevamos, nada nos falta”, afirma Tina.
Miles de historias conocemos y por todos lados, de los médicos, las clínicas, los hospitales y las farmacias que en todo demuestran su sed y hambre de dinero. Lo que menos les importa es “la salud” de las personas. “Pero se están complicando las cosas”, comenta Mary, “y de pronto las consultas y las medicinas están caras y cada vez más y más. Entonces, eso está obligando a la gente a buscar opciones, y entre éstas, se encuentra el re-torno a lo que somos, al modo natural de sanar-nos”. “Es que por el lado que lo veas, lo nuestro –asumiéndonos como descendientes indígenas- , nuestro modo de entender y practicar la salud es preferible, no sé si mejor”, asegura Tina. “Es cierto que puede haber cosas rescatables del modelo de salud que nos han impuesto, pero mientras no nos atrevamos a desafiar los espejismos que nos brindan falsas seguridades, nosotros y nuestra madre tierra estamos en grave peligro”.
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