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“Un día fui a cortar xuega1 y me vino un presentimiento, mi presentimiento me dijo que alguien iba a morir. Por la noche enfermó mi esposo, era un día de luna llena como hoy. Tres días después murió” recuerda Doña Romualda, curandera de San Pedro Totolapa, desde hace 50 años. “Me dicen que tengo un don y yo creo que sí porque me pasan cosas increíbles”, afirma, mientras se acomoda en la silla del patio de su casa.
Despertar para siempre Quizá lo más sobrenatural, y punto inicial de su mística vida, fue cuando, de joven, enfermó gravemente. De su nariz goteaba un extraño líquido que la alejaba de la gente y la mantenía en una aguda depresión, “quería morirme, y una noche soñé que una voz me decía: se que estás muy enferma, te voy a curar con estas gotas azules. Cuando desperté sentí como si fuera un nuevo amanecer, no me volví a sentir mal, desperté para siempre”, sentencia. Por eso, cuando se inició como curandera, a los 26 años, hizo la promesa de sanar a las personas. “Aprendí a curar sola, mi tía curaba, pero no me dejaba ver”, por eso, a la señora le sorprendía que su sobrina conociera de infecciones. “Empecé dando limpias, quebrando huevos, sobando, dando hiervas para la bilis y los nervios”, narra Doña Romualda. Al principio cobraba un peso por curar con huevo, pero como la gente veía que era muy pobre, le ofrecían su casa, “la mía tenía hoyos por todas partes”, menciona en medio de lágrimas. Sin embargo, su pobreza no fue su único problema, ser mujer y curandera le provocó también daños. “Como me venían a traer en camioneta para ir a curar, la gente decía que me iba a la putería”. Lo que Doña Romualda hacía era curar, entre otros males, el espanto. “Por el espanto, a la gente le da desesperación, nervios, se les hinchan los pies”. Oponerse a la muerte Pero, el don de la curandera también le ayuda a saber cuando un paciente llega muy enfermo, “si alguien viene malo, luego me da un dolor de cabeza”. “Cuando atendí a un niño, soñé que me seguía una calavera y a los dos días se murió el chamaco. Vi pasar la muerte detrás de su casa”, cuenta. Esto se repitió la vez que sanó a una niña, esa noche, soñó que estaba en la iglesia del pueblo y del suelo salían calaveras que querían atraparla. “Creo que sueño así porque me opongo a la muerte”, afirma Doña Romualda. No obstante su recompensa llega cuando sana a una persona, “hace poco, una muchacha llegó a mi casa a invitarme a su boda, y me dijo: a usted le debo mi vida”. Por eso, para Doña Romualda, curar de espanto no sólo es un método indígena de sanación, es una forma de compartir su don casi profético, que tantos dolores de cabeza y alegrías le ha traído a su vida. 1 xuega. Fruta silvestre, que es parte de la dieta alimenticia de San Pedro Totolapa.
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Comentarios
Abramos nuestra mente, claro si tenemos una persona enferma lo primero que tendríamos que hacer es acudir al medico y como segunda opción si las cosas no mejoran acudir a la medicina tradicional. Yo les recomendaría buscar a una persona adulta (alguna abuelita) que sepa hacer estos remedios.
Hay algo raro no queremos creer en estos conocimientos tradicionales sin embargo hay gente con "conocimientos amplios" y con preparación académica buena y son personas que compran las cremas para adelgazar en 2 horas, anillos que te adelgazan la parte del cuerpo que queremos y zapatos que nos hacen adelgazar, creemos en productos milagro pero no queremos creer en la medicina tradicional. Bueno solo es una opinión que espero que la consideren y que espera que el conocimiento de tratamientos tradicionales no se pierda.
sandy_zavala
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