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Para Angelita
Soy feliz chateando con mi ciberamiga.
Después de navegar por la red, durante casi 8 años, por fin encontré a la que buscaba.
Iniciaré mi relato desde el principio.
En diciembre de 2001, cuando nací como cibernauta, tuve un sueño: coincidir en esta vida con mi alma gemela.
Mi primer paso fue subscribirme a la página www.amigos.com
Apenas pagué, vía bancaria, 500 pesos, tuve acceso a miles de seres humanos que, como yo, viajan `por internet en busca de la amistad y el amor.
Soy un experimentado chateador.
Los psicólogos seguramente afirman que soy un adicto al chateo.
Sinceramente soy feliz y no me importa lo que digan los demás.
Como estoy jubilado, todos los días y casi todas las noches, las paso felizmente platicando por escrito, con micrófono y audífonos.
Siempre he tenido cámara en mi computadora y ellas también.
Por cierto se me olvidaba contarles que chateo, sólo con mujeres de todas las edades.
Pronto cumpliré 8 años con esta enfermedad que he bautizado con el nombre de “chatitis” (inflación del chat).
He chateado con cibernautas de todo el planeta, pues tengo la ventaja de hablar y escribir los idiomas más utilizados en el mundo.
Además leo y escribo el esperanto, idioma universal que miles de seres humanos usan en casi todos los países.
Puedo afirmar que soy “un viejo lobo cibernauta”, ya que este año cumpliré 80 años de edad.
Es tal mi pericia en el chat, que por lo regular, chateo con 6 amigas al mismo tiempo.
Para llevar un control y no confundirme, tengo un fichero de tarjetas numeradas, en las que tengo foto, nombre, país, que temas les gusta, sus “hobis”, etc.
Apenas se conectan, pego sus tarjetas en la pared, detrás de mi computadora.
Se me olvidaba decirles que adapté a mi PC, (computadora personal) un monitor (o pantalla) de 40 pulgadas.
También soy un acelerado mental y poseo una memoria asombrosa.
Desde los 5 años de edad soy autodidacta y mis amigos dicen que soy una enciclopedia ambulante.
Mis conocimientos los uso para charlar con mis amigas.
Platico de astrología como de astronomía, de religión como de ciencia, de alquimia y química, de música clásica y rock moderno, de películas inmortales y de los últimos estrenos en la pantalla, de literatura universal y de las más recientes publicaciones, de poesía clásica y moderna, de las grandes obras pictóricas y de las pinturas modernistas, etc.
Ustedes se preguntarán cómo selecciono a mis amigas.
Sencillo, desde el primer día, tuve ante mi gran pantalla, cientos de fotos para escoger.
Al principio a todas invitaba a chatear.
Como me pedían mi foto, les enviaba la más reciente, donde aparezco viejo, casi calvo, canoso, con lentes y desdentado.
Estoy seguro que no veían en mí a su padre, sino a su abuelo.
Cuando platicaba con ellas me daba cuenta de sus conocimientos científicos y culturales, así como de su inteligencia y el grado de su desarrollo espiritual.
Las insoportablemente bellas en sus fotos, como diría cierto cantante, eran casi todas vacías.
Las más guapas me decepcionaban, pues mostraban el cobre.
En especial, la mayoría de las jóvenes, al ver mi foto, no me contestaban.
Entre las maduras, que eran muy pocas, al contrario, la mayoría eran sabias, inteligentes, guapas, alegres y llenas de vida.
Debo reconocer que mis mejores amigas son de la segunda edad en adelante.
También son tiernas, cariñosas y maternales.
No dudo que me quieren y aman como a un hijo.
Un inolvidable día, como a las 12 de la noche, al estar viendo las fotos de las recién ingresadas a la página, de entre decenas de jóvenes, me detuve para admirar un rostro con una radiante sonrisa y una angelical mirada que mi corazón saltó de gozo.
Algo dentro de mí me dijo: “ella es la que estás buscando, es la amiga que amarás como a una hija, será quien te hará feliz los últimos años de tu vida”.
Como un rayo hice click sobre su foto, para enviarle un mensaje, con mi foto, donde la invitaba a chatear conmigo.
Al poco tiempo me respondió que le gustó la mirada tierna, que veía en mis ojos.
Al instante comenzamos a chatear y desde esa ocasión hasta hoy, dos años después, lo hacemos diariamente.
Si las demás amigas eran estrellas, ella fue el sol que las hizo desaparecer.
Platicamos de muchos temas, pero en especial su pasión es la pintura.
Tiene 25 años, asiste a un taller y pinta.
Me ha enviado cerca de cien fotos, donde se nota su alegría contagiosa y su ternura juvenil.
En alguna de ellas conserva su gracia e inocencia infantil.
En otras tiene el garbo de una mujer, que despide una brillante luz estelar.
Después de dos años de estar chateando diariamente con esta preciosa y linda mujercita, siento que la quiero y la amo como a una hija.
Aunque a veces no quiere desahogarse conmigo, sólo tengo que esperar y me cuenta sus problemas.
Hasta hoy no he tenido la dicha de conocerla personalmente.
No me ha dicho en qué país vive, ni mucho menos su verdadero nombre.
Sé que pronto me citará para encontrarnos.
Mi corazón me dice: “Ámale como el avaro ama al dinero, como el que se está ahogando ama la respiración, como el hombre apasionado ama a su amada”.
Aunque no me crean, a ese ángel en forma de amiga, la quiero mucho y la amo como si fuera MI HIJA.
Humberto Escobedo cetina
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