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Hace unos meses, navegando en internet, conocí a una gurú o maestra espiritual. Estaba investigando temas esotéricos, para mi próximo libro. Al entrar al buscador google, pedí “esoterismo” y entre otras apareció una página, con artículos de Saint Germain. En dicho lugar estaba una dirección de correo. Inmediatamente les envié un mensaje, pidiéndoles información. El mismo día me contestaron, invitándome a un curso de metafísica y agregando un número telefónico. Sin pensarlo mucho les hablé y me respondió una dulce y melodiosa voz femenina, dándome la dirección de su local. La anoté y me dirigí a ese lugar.
Al entrar al edificio, vi a una linda mujer, de unos 40 años, con un cuerpo escultural, precioso y atractivo. Era morena, bonita, y portaba lentes en su angelical cara. El color de sus ojos, en ese instante, los vi amielados. Al verme con su brillante sonrisa, alegró mi triste corazón. Quedé deslumbrado y ya no supe quien era yo, ni que hacía en ese lugar. Me preguntó, con su dulce y acariciadora voz, el objeto de mi visita. Le respondí. “soy quien les escribió vía e-mail, solicitando información e invitaron a un curso básico de metafísica”. Muy bien, dijo la diosa en forma de mujer, “deme su nombre y dirección, por favor”. En ese instante quedé mudo. Fue tal la impresión, de estar cerca de esa inolvidable mujer, que me quedé congelado. Mi ego no sabía qué hacer. Con mucho trabajo y tartamudeando, le di mis datos a la sacerdotisa, quien por cierto portaba un vestido blanco y largo, casi transparente, el que podía notarse sus preciosos senos, su delgada cintura y sus divinas caderas. Calzaba unas sandalias griegas, que dejaban ver unos adorables pies, que invitaban a besarlos. Caminando a mi domicilio, esa imagen ya la tenía grabada en mi corazón y en mi pensamiento. Al llegar el día y la hora, del inicio del curso, me presenté puntualmente. Al frente del salón, estaba la diosa que ya conocía. Con su melodiosa voz, nos dijo que su nombre era Isis. Las cuatro horas que duró la sesión, fueron para mí como cuatro minutos. No sólo demostró ser muy inteligente, sino que derramó sobre nuestros corazones y mentes, un dulce rocío de profundos conocimientos espirituales. Mi pensamiento, oscurecido por la ignorancia, se iluminó con las sabias palabras, de nuestra maestra espiritual. Mis escasas lecturas, desaparecieron de mi mente, ante la luz de conocimientos metafísicos que irradiaba la sabia mujer. Como atraído por un imán, no pude evitar acercarme a ella y pedirle sea mi maestra espiritual. Parecía que estaba soñando, cuando me aceptó como su discípulo. Quedamos en que los domingos, impartiría sus clases en mi domicilio. Acordamos que estudiaríamos, desde las ocho de la mañana, hasta las diez de la noche. En cuanto al pago no sería en dinero, sino en trueque de cursos. Ella me enseñaría metafísica y yo a redactar, a jugar ajedrez, mapas mentales, dinámicas grupales, etc. Han pasado varios meses y he notado el avance de mi desarrollo espiritual. Con ella he logrado meditar y me ha trasmitido sus conocimientos, que le brotan del panal de su corazón. Hace una semana sucedió un milagro. Toda mi vida he pensado que la amistad entre un hombre y una mujer es imposible. Mis fallidos intentos de tener una amiga, me lo demostraron. Después de convivir una vez por semana, con mi maestra espiritual, nuestros corazones, como almas gemelas, se unieron en una amistad inmortal. Sentimos, por medio de nuestras miradas, que en vidas anteriores habíamos sido amantes y en las siguientes también lo seríamos. Ahora estoy gozando el amor de la amistad, tan bello como el amor de pareja. Mis amigos me envidian porque tengo y tendré, hasta que transmute, una AMIGA GURÚ.
Humberto Escobedo Cetina, Oaxaca, Oax. 9 de junio de 2009.
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Comentarios
Ojala puedas proporcionarme los datos. gracias
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