La violencia es el miedo a los ideales de los demás.

Mohandas Karamchand Gandhi

Información Alternativa de Oaxaca

Información Alternativa de Oaxaca

 

Memoria Visual

 

Descargar audios

Podcast Feed

Comentarios de Lectores-as

  • SOY DE HUITEPEC ...
    - omar julian
  • SOY DE HUITEPEC ...
    - GORGE JULIAN
  • SAOY DE HUITEPEC ...
    - GORGE JULIAN
  • SAOY DE HUITEPEC ...
    - GORGE JULIAN
  • Q TAL MIS AMIGOS DE ESTA ESTACION DE RADIO ESPERO ... ...
    - filo cruz

Cartón de Brunof

Escucha en línea

Aportaciones

Las caracolas

Efemerides

21/2/1821
El Plan de Iguala proclama el fin a la Guerra de Independencia de México, iniciada en 1810.

Enlaces

INSO

Mal de Ojo

Activistas de Protección Animal

De Igual a Igual

Advertencia Lírica

 

Occam's Razor

Free Software Foundation

Mi amor secreto PDF Imprimir E-mail
Espacio Literario - Espacio Literario
Escrito por Humberto Escobedo   
Lunes, 02 de Noviembre de 2009 23:34

Todos hemos tenido un amor secreto.
A mis dieciséis años, cuando ingresé  al bachillerato, me enamoré de mi maestra de química.
Desde la primaria fui un alumno ejemplar, ya que tuve un promedio de calificación de diez.
En la secundaria también permanecí  en el cuadro de honor.
Mi pasión por la química de la vida comenzó cuando tenía catorce años.
Mi tío Pablo, quien recibía libros impresos en la ex-Unión Soviética, me dio a leer “El origen de la vida” de Oparin.
Antes de leerlo ya dudaba de la religión católica.

Cuando tenía cinco años estudié  el nuevo testamento.

Ya desde esa temprana edad, consideré  a Jesús como un profeta humanista, un iluminado como Buda.

Hasta hoy no cabe en mi pensamiento, que haya sido concebido por una virgen y que haya resucitado al tercer día.

En cuanto a los milagros, a lo largo de mi vida, estoy por cumplir 66 años, he sabido de terapeutas que lo practican.

En cuanto al ser Dios o hijo de Dios, tampoco lo he creído.

Unos días antes de tener en mis manos el librito de Oparin, recién había leído la novela de Ilin y Segal: “Como el hombre llegó a ser un gigante”.

En esa obra se expone la teoría de Darwin en forma amena y sencilla.

He de reconocer que ese texto me apasionó  tanto, que desde ese momento deje de creer en el Dios de los católicos.

El tiro de gracia a la religión, en mi pensamiento, lo dio Oparin.

Una vez que terminé ese ensayo científico, como buen autodidacta consulté varias enciclopedias.

Primero leí una biografía y luego encontré otro libro del mismo autor.

Luego me sumergí en un mar de libros de química, en especial de bioquímica.

En por eso que al ingresar a la preparatoria, era el único que dominaba esa materia.

A mis dieciseis años era yo “rata de biblioteca”.

Mis sentimientos los tenía encarcelados en mi cuerpo.

Los tenía congelados hibernando.

Todo eso cambió el primer día de clases.

Los compañeros de mi salón, como todos los jóvenes estaban platicando y haciendo escándalo, pues todavía no se presentaba nuestra maestra de química.

De pronto todos se callaron y un silencio panteonero dominó en todo el salón.

Todos volteamos a ver que entraba el director y la profesora.

El silencio continúo porque todos quedamos hipnotizados, aluzados.

La titular de la materia era una joven bonita, de baja estatura, cabello corto y con una sonrisa cautivadora.

Las muchachas la vieron con admiración y nosotros la sentimos con el corazón.

Portaba un vestido precioso, rosado, con una blusa del mismo  color.

Todos los alumnos quedamos prendados de ella.

Cuando comenzó a disertar, su dulce, acariciadora y maternal voz nos acabó de matar.

Ella no lo hacía adrede.

Se comportaba de manera natural.

Lo que nos desarmó fue su linda y graciosa sonrisa.

Hasta hoy, cincuenta años después, solo cierro los ojos y la veo, como si estuviera viendo su foto en el fondo de escritorio de mi PC.

Desde ese día comenzó la  competencia para ocupar el primer lugar en la clase.

La mayoría de nosotros, decidimos memorizarnos el libro de texto.

Nadie perdió un día de clase y era una olimpiada de química en la que buscábamos romper récords.

No todos alcanzaban el codiciado diez.

La mayoría con trabajo lograba el nueve.

El único que llegó al récord mundial fui yo.

Como estaba en la primera fila mis ojos lobeznos devoraban el cuerpo y la sonrisa de la maestra.

Desde el segundo día de clase era el que más participaba.

Demostré tal dominio de la materia que la maestra me pidió que expusiera algunos temas.

Durante los dos semestres que tuvimos esa materia, no falté ningún día de clase y mantuve mi alto promedio.

Por su parte la profesora no sólo tenía una memoria asombrosa, sino que impartía con tal gusto y alegría su materia que todos aprendían fácilmente.

Primero exponía su clase con un mapa mental y después nos organizaba en equipos de seis.

Los compañeros y compañeras se peleaban porque estuviera en su grupo de trabajo, ya que sabían que les ayudaría en la redacción y exposición del tema.

No estoy seguro pero algunos alumnos y alumnas se dieron cuenta, del amor que le profesaba a nuestra maestra.

Lo que sí puedo afirmar es que ella  procuraba frente a los alumnos, no demostrar que se había dado cuenta de que estaba enamorado de ella.

Al finalizar el curso todos los alumnos del salón decidimos despedir a la maestra con una cena baile.

Rentamos un lugar amplio y contratamos un conjunto musical.

Las compañeras llevaron alimentos y un pastel con una vela, por haberse cumplido un año de recibir clase de nuestra querida e inolvidable profesora.

Al igual que la película “Al maestro con cariño”, un alumno le cantó “A mi manera”, de Paul Anka.

También tuvimos la dicha de bailar con ella.

Me acuerdo que baile con ella el danzón “Nereidas” y “Ná ela”.

En mi corazón todavía tengo esos minutos que la tuve en mis manos.

Al despedirnos me dio un beso en la mejilla.

No pude contenerme y también la bese en su cachete.

Ya no volví a verla pero en mi alma guardo esos bellos días en que goce de mi primer amor, de mi amor secreto.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

 
Joomla 1.5 Templates by Joomlashack