 “Llevamos la película al Chapara (Bolivia), alquilamos una pantalla gigante y la armamos en la selva. Fueron como dos mil cocaleros. Evo Morales llegó como media hora antes en un helicóptero venezolano y con el embajador cubano. Nadie en Bolivia había visto el documental, se sentó a lado mío y me dijo en broma –cuidado y te metes conmigo, que aquí los compañeros te cuelga”. Después de ver el trabajo, Evo “no se despidió de mi, nunca recibí una respuesta oficial, no parece haber quedado tan contento”, narró Alejandro Landes, director del documental “Cocalero”, al finalizar la proyección de su película en el Museo Arte Contemporáneo de Oaxaca.
El trabajo hecho durante el 2007, es el resultado del seguimiento que Landes hizo a la campaña electoral de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. En el transcurso de la película observamos a un Evo que nada en el río que cruza su rancho, toma una cerveza junto a una extranjera y cena con importantes empresarios bolivianos. “En ese momento conocí a un Evo con una ética de trabajo feroz, con un sentido del humor picaresco, alguien que concentraba el poder en sus manos. Conocí a alguien con muy buenas intenciones”, comentó. Pero el hombre que, como muestra el documental, era insultado en las calles por ser un indígena con aspiraciones de presidente, tiene su origen político en el movimiento cocalero, “Evo Morales es claramente un hijo de la intervención norteamericana por el tema antidrogas en Bolivia”, aseguró Landes. “Hay unos indígenas aymaras y quechuas desparramados en el monte, en Cochabamba, a causa de la privatización de las minas en los años setentas. Por eso plantaron hoja de coca, porque da más que una piña o una naranja dada la intervención norteamericana de ese momento”. Como respuesta hubo una “guerra antidrogas”, lo que hizo que se conformara un grupo del cual surgió Evo, personaje que 20 años después se convirtió en el primer indígena en gobernar Bolivia. Sin duda una gran historia por contar. Así lo creyó Landes, mientras trabajaba en el programa de Oppenheimer Presenta y observó una entrevista de Evo, donde se notaba una bandera que decía –Evo presidente-, la cual se cayó varias veces durante la entrevista. Pensé, “¿será que pueda llegar a ser presidente?”, se preguntó el director brasileño. Esa fue la razón por la que se trasladó al país sudamericano “había un proceso de negociación diario con Evo, las primeras semanas fue una especie de luna de miel de acceso, pero después nos tildó de agentes de la CIA y se volvió frío, no quiso hablar con nosotros… Después, Evo nos dejó entrar de nuevo y tuvimos un acceso privilegiado”, dijo. Sin embargo, este alejamiento de Evo llevó a Landes a acercarse a lo que consideró, el verdadero protagonista de su documental, el movimiento cocalero, “fue ahí donde entró el corazón de la historia”, enfatizó. Es por ello que se cuenta la historia de la candidata a senadora suplente, Leonilda Zurita, mujer cocalera que imprime fuerza y frescura a la trama. También se propició un acercamiento más cercano a la organización sindical cocalera, a través de pláticas, que evitan la entrevista formal y clásica de los documentales. El resultado es un trabajo más humano que político, que muestra sutilmente los rasgos de Evo y del movimiento cocalero que lo impulsó a la presidencia y que logra alejarse de un sentido propagandístico. Sin duda, un documental muy recomendable.
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