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En una humanidad tan superiormente desarrollada como es la actual, cada uno recibe de la naturaleza el acceso a múltiples talentos. Cada uno tiene un talento innato; pero sólo a un pequeño grupo le es dado por naturaleza y por educación el grado de constancia, de paciencia y de energía necesario para llegar a ser un verdadero talento, y, por consiguiente, para que llegue a ser lo que es, es decir: el dispendio en obras y en actos. F. Nietzsche, Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres.
Hoy es día de Santa Cecilia. Patrona de los músicos. A mí mucho me gusta la música, siempre quise ser uno de esos grandes como Ndré Saa, como Miguel Ríos Villalobos, como Amado Chiñas, como Margarito M. Guzmán. Y ahora que pienso en la música y mis malogros, indefectiblemente, recuerdo a alguien que siempre ha estado presente en mis pensares y en mis nostalgias.
Cuando era niño, muchos mayores me hablaban de un tío mío —hermano de mi abuela Lucía Puesto Flores— cuyo nombre fue Pedro Puesto Flores. Me decían había sido un gran saxofonista. Yo me puse un poquito a preguntar: mi tío Francisco Villalana me hablaba mucho de él, de sus “hoyitos” que se le hacían en las mejillas cuando soplaba su sax. Me tarareaba la canción que dice “en el bosque de la China, una china se perdió…”, pues, decía, cada vez que Pedro se embriagaba, se acordaba de una novia suya radicada en Salina Cruz, Oaxaca, y que era descendiente de chinos (desafortunadamente no recordaba su nombre), y por eso mucho tocaba con su instrumento esa canción. O cuando en las playas de La Ventosa entonaba con su saxofón magistralmente la introducción del Fandango tehuano. Recuerdos que he expropiado para poder mantener con vida el recuerdo del gran músico.
Aproximadamente cuando contaba yo con 12 o 13 años, tomé clases de solfeo con mi gran maestro Tomás Salvador Morgan, un antiguo y excelente clarinetista que me enseñó a solfear con el método de D. Hilarión Eslava. Mi siempre recordado maestro Tomás Salvador, me decía: “si eres la mitad de tu tío Pedro, vas a ser el mejor músico de Tehuantepec”. Él me platicó un poco sobre mi tío Pedro. Pero hoy sólo alcanzo a escuchar con el tiempo transcurrido: “fue el mejor, qué sonido le sacaba al saxofón. El mejor de todos. Tu tío fue el más grande”. Otro tío mío, que aún vive, llamado Pablo Guzmán Puesto, nos platicó sobre Pedro:
Se iba mucho tiempo, se desaparecía y nosotros no sabíamos de su paradero. Pasaba muchas semanas fuera y sin comunicación (antes no había teléfono). Un día, estaba yo durmiendo en un cuarto de atrás de la casa de abuelito Felipe Puesto (donde después fue casa de Gonzalo Puesto Flores) y abrieron la puerta a las tres de la madrugada. Y me hablaron: “Primo, primo, levántate, ¿quieres un trago de mezcal?” Evidentemente era Pedro Puesto, que regresaba de sus largos viajes a quién sabe dónde (aunque después él nos platicaba que había estado actuando en Tamaulipas, en la Ciudad de México, en Minatitlán, en Tabasco, etc.). Yo le contestaba que no eran horas de andar tomando. Él asentía y me decía “está bien, pero despiértate, vamos a platicar, en lo que yo sigo con mi mezcalito”. Por supuesto que yo me levantaba y platicaba con él. De repente, sacaba su sax, lo armaba y comenzaba a tocar esa canción que dice “Nuevamente vendrás hacia mí, yo lo aseguro, cuando nadie se acuerde de ti, tú volverás…”, pues le gusta mucho, mucho a mi primo. A mitad de la madrugada se escuchaba su extraordinario saxofón. Inmediatamente llegaban los músicos de Santa María a verlo “ya llegó Pedro”, decían. Recuerdo que su amigo Chu trombón lo visitaba en medio de la madrugada. Era un gran músico, pero tomaba mucho. Eso fue lo que lo mató. A abuelito Felipe no le gustaba que tomara, y era demasiado severo para castigarlo por sus excesos con el alcohol.”
Mi abuelita Lucía, me decía:
Cuando llegaba Pedro de viaje, venían a visitarlo los turcos, a ellos mucho les gustaba cómo tocaba. Él también tocaba el acordeón como mi papá Felipe. Los turcos llegaban con comida, vinos, licores, de todo. Venían porque querían escuchar tocar a Pedro. Pedro se paraba arriba de una mesa y empezaba a tocar. Me acuerdo mucho de sus hoyitos en sus cachetes, parecía que se estaba riendo cuando tocaba. Mi hermano tocaba muy bonito. Fue mi hermano al que más quise. Yo lo vi morir, en agosto, cuando la calenda de Santa María. Pero no me acuerdo en qué año se fue.
Ya hace algunos meses, estuve leyendo dos libros. El primero, de don César Rojas Pétriz, Sandunga. Música sublime. Símbolo de unión. En él pude ver algunas pequeñas e importantes anotaciones que hacían mención de Pedro.
La nueva generación de músicos la integraron hombres talentosos, que llegaron a ser excelentes directores de orquesta unos, y extraordinarios solistas otros. Todos tienen un lugar reconocido en la historia musical de Tehuantepec. Tuvieron, han tenido y tienen su momento y su época en los que se distinguieron, tales como los maestros: Marciano Pacheco de Santa Cruz, Octavio Angulo Ríos, Ángel Quiroz, Pedro Puesto y Jesús Valdivieso Vasco, de Santa María…1
Más adelante, en la pequeña nota curricular que se hace en este mismo libro de su amigo Jesús Valdivieso Vasco, “Chu Trombón”, se dice:
Estuvo también en la ciudad de Oaxaca cuando Don Anastasio García Toledo fue Gobernador del Estado. Cada vez que el Gobernador salía de gira lo acompañaba un grupo de paisanos, entre los que se contaban excelentes músicos como Ángel Quiroz, Pedro Puesto, Benjamín Reyes, Gabriel Pétriz y Guillermo Flores “El Colorado”, con quienes integraban un conjunto de “jazz”.2
En Tehuantepec han florecido los sones tehuanos que bailan en los pueblos del Istmo. Tehuantepec siempre ha sido vanguardia musical en el Istmo que lleva su nombre. Aquí se han interpretado géneros de toda índole, como el jazz. Esto sólo ha sido posible con generaciones de grandes músicos que han dado grandeza a nuestro pueblo. El segundo libro que leí y en el cual hallé información sobre el gran Pedro, fue el libro del profesor Mario Mecott Francisco, titulado Maderas del Istmo, que es una historia musical de la marimba en el Istmo de Tehuantepec. Allí el maestro Agustín Ortiz contó:
En Salina Cruz hubo también marimbas, como la de Rodolfo Cruz del Puerto, ‘El Oro Negro’, que representó René Espinosa quien fue su director, allí venía Esteban Orozco de Mixtequilla con la trompeta, otro de Comitancillo igual, en la trompeta y señor Pedro Puesto quien fue muy famoso, tuvo fino su sonido.3
En otro apartado del mismo libro del profesor Mario Mecott, se transcribe el testimonio del maestro marimbista Juan García Hernández:
Vicente Jiménez tenía su marimba que se llamó “Tehuanita María Teresa” […]. Ellos traían al maestro Pedro Puesto, un saxofonista buenísimo, quién sabe dónde estudió ese señor, pero ya lo traían de saxofonista. Pedro Puesto fue del barrio Lieza,4 tocaba la marimba, y también el saxofón, le daba vuelta, y tocando parecía que estaba riéndose. ¡Qué ejecución maravillosa de Pedro Puesto!5
También el señor Abel Márquez Camacho lo nombra nuevamente como integrante del Oro Negro de Salina Cruz.6 Así trato de aliviar esta nostalgia de mi alma. Recordando a alguien que para mí ha significado mucho, aunque ni siquiera lo conocí. Siempre ha sido un referente, porque siempre he escuchado sobre él, y cuando lo nombran, lo hacen con una emoción que a mí me emociona más. Todavía lo veo cuando su papá lo azotó con una reata por haberse emborrachado por vez primera; amarrado al horcón, desnudo, casi muerto. No lo vi, pero esa narración me ha impactado. Porque es la humillación de un ser que para mí siempre vivirá en mis recuerdos. Porque, puede ser que sea de mal gusto hablar de un familiar, pero no me ha quedado de otra, porque tengo una deuda con él, con el que jamás conocí, pero que tanto admiro y quiero: mi tío Pedro Puesto Flores. Yo no sé cuándo nació ni cuándo murió exactamente (únicamente poseo algunas aproximaciones, nació tal vez cinco o seis años después del inicio de la Revolución mexicana, porque era mayor que mi abuela Lucía, que nació en 1917). Sólo tengo estos vagos recuerdos que me transmitieron de Pedro, el gran Pedro Puesto, el que iluminaba la madrugada con su saxofón. El que se reía de la música, el que tuvo muchos hijos pero jamás se casó. El que murió en la fiesta de la Asunción de María. El que aún está en mi corazón y mis recuerdos. El eterno Pedro Puesto Flores.
1 César Rojas Pétriz, Sandunga. Música sublime. Símbolo de unión, Oaxaca, México, INBA/ Gob. Edo. Oax./Cedó Guié, 2007, p. 148. 2 Ibíd. p. 213. 3 Mario Mecott Francisco (presentación y notas), “Yo construí marimbas. Agustín Ortiz Gallegos”, en Maderas del Istmo. Testimonios orales y escritos de la historia de la marimba en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, México, Fondo Regional Zona Centro/Gob. Edo. Oax./Conaculta, 2007, p. 34. 4 En realidad era de entre el barrio Santa María Reu y San Juanico Deche Daani, y se presta a confusión esta zona con el barrio Lieza. 5 Mario Mecott Francisco, “Aquellas marimbas que conocí. Juan García Hernández, en Ibíd., p. 39. 6 Francisco Cabrera García, “Tema del recuerdo”, en Ibíd., p. 112.
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