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Nuestro país se encuentra cada vez más lleno de contradicciones psicotizantes que generan más desencanto y depresión entre quienes vivimos en este maravilloso México donde el hombre más acaudalado del mundo, Carlos Slim, observa un escenario catastrófico en materia económica. Sólo en México pasa esto.
Es desolador ver cómo este poderoso hombre lejos se encuentra de saber lo que es el hambre; sin embargo, algo tiene de razón porque en efecto el país está casi en pique y no sólo económicamente, sino en otros órdenes.
¿O será que fueron palabras dichas sin ser pensadas? Calaron no obstante entre quienes aún pueden tener acceso a un medio de comunicación para escuchar estas declaraciones, que sin ánimo de ser catastróficas helaron las venas de aquellos que a duras penas pueden ganar para medio vivir.
Lo más desolador de este México pobre, donde en efecto nada está ya garantizado, es lo que en materia de derechos humanos estamos viviendo.
Esto se observa con el fallo otorgado a favor del gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto y al Procurador General de la República, Eduardo Medina Mora, quien en ese entonces era titular de la Secretaría de Seguridad Pública Federal.
Los ministros de la Corte cubren las espaldas de estos personajes, confirmando las terribles palabras dichas por Trini la, esposa de Ignacio del Valle hace unos días "Nos preocuparía – aventuró- que la SCJN no haga más, porque no sólo quedará desprotegido Atenco, sino todo lo que pasó en Oaxaca, en Chiapas, etcétera, y esto mostrará la impunidad que vivimos en México."
Y sucedió así, como tanto se temía. Ahora nos preguntamos ¿qué sigue para Oaxaca, Chiapas, y para cada uno de los ciudadanos que han sido vulnerados en su derecho a decir ya basta y ser crucificados?
Con este fallo, Oaxaca no tiene para donde voltear. No tiene a quién recurrir. Sólo nos resta esperar a que la Corte acuerde como decidió con Atenco. Casi en los mismos términos exculpatorios de las graves violaciones a las garantías individuales. Esperar a ver cómo se protegerá (más) a los impunes responsables de los hechos violatorios durante el 2006.
Doloroso también es ver como la libertad de expresión se ve cada vez más satanizada, resultando como ejemplo las infinitas demandas que hay contra aquellos periodistas que se atreven a sacar las verdades incómodas teniendo como consecuencia la persecución judicial o el terrorismo psicológico por representantes de aquellos intereses que son tocados.
Como sin ir más lejos le está sucediendo a la revista Contralínea, particularmente a su director Miguel Badillo y Ana Lilia Pérez reportera de esta revista, así como al columnista de Reforma y Emeequis Eduardo Huchim, o como puede estar sucediendo en estos momentos con alguna radio comunitaria.
Es demasiado vivir en el país donde todo sucede y nada a la vez, donde el discurso de los gobiernos es uno y la realidad que se vive es otra, Así las cosas, resulta difícil vivir en la disyuntiva si alcanza para comer o pensar quién sigue ahora para ser sacrificado por la Corte cuando le toque ser "defendido" , y quedar a merced de la "justicia y razón de los magistrados".
Es una losa pesada para los y las periodistas que son agredidos, hostigados, perseguidos, exiliados, pensar: ¿y ahora quien sigue?, ¿a quién le toca ser acusado u hostigado?
Y las preguntas nuevamente se agolpan confirmando que la salud mental, económica, política, de justicia, en este país, se encuentra cada vez más sumergida en una terapia intensiva, ¿y el diagnostico real nadie lo tiene? El final de esta enfermedad ¿cuál será?. Esto sin ser catastrofista.
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