El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (ya saben que cualquier reivindicación de los excluidos del sistema, siempre la llevan a cabo los grupos socialistas, anarquistas, comunistas y todos los “-istas” de izquierda que se les ocurra), sin embargo, ahora ya se ha ampliado a todas las mujeres; ya que el adjetivo “Trabajadora” era sólo como categoría marxista que únicamente incluía a las obreras. Hoy podemos circunscribir a todas: campesinas, empleadas, desempleadas, burócratas, indígenas, mestizas, profesionistas, pensadoras, artistas, estudiantas.
Las mujeres, excluidas de todos lados: del campo laboral, del campo familiar, del campo social, político, económico, intelectual, artístico. La mujer es un conjunto de exclusiones llevadas a cabo por el patrón que las humilla, las hambrea y las despide; el marido que las golpea (física y emocionalmente) y ejerce, aparte, una violencia económica injusta; de una dirigencia política misógina que las cree incapaces; de unos “intelectuales” varones que las demeritan y las creen emocionales y no-racionales; es decir, del miedo del hombre a la mujer sin miedo. Ese miedo que ha impuesto el macho a base de golpes, insultos, humillaciones; esto es, a base de creer que el defecto fue no haber nacido varones.
Incluso hasta a los que creemos grandes pensadores (varones para no variar), dedicaron una parte de sus estudios a “demostrar” filosóficamente la inferioridad femenina.
Los presocráticos (es decir, los filósofos naturales que vivieron antes que Sócrates) enfrentaban la naturaleza masculina con la femenina, y a la masculina la representaban como superior (decían el hombre era luz y la mujer tiniebla, etc.); a Sócrates no lo podemos glosar aquí en forma expresa, puesto que él no dejó obra escrita, y sus ideas se confunden con las de sus discípulos: el más notorio, por supuesto, fue Platón, quien planteó una igualdad entre el varón y la mujer, pero esa igualdad debía ser controlada. Platón muestra a la mujer extraña al logos (esto es, al uso correcto de la razón), como un ser que participa en la producción de ideas de forma imperfecta e inacabada.1 Pero va más allá. En el Banquete, da preferencia a las relaciones homosexuales, y degrada a un estado imperfecto a las relaciones heterosexuales.2
Si Platón fue un pequeño avance, por su posición de pugnar por una cierta igualdad varón-mujer, Aristóteles fue una clara regresión. Este filósofo estagirita maneja de muchas formas la inferioridad femenina: “Las hembras son más débiles y frías por naturaleza y hay que considerar al sexo femenino como una malformación natural”3, dice, y es así como establece bases sólidas para la filosofía anti-femenina que dominará los siglos posteriores, y que incluso hasta hoy podemos ver sus estertores.
En la Edad Media, los grandes padres de la Iglesia comenzaron a denunciar la coquetería femenina y a mostrarla como el signo del pacto que tenían con el demonio. San Agustín, en sus Confesiones, revela la gran dificultad con la que pudo renunciar al placer sexual: “Yo creí que iba a ser muy desgraciado sin el coito femenino”4. Influenciados por la filosofía griega, piensan que la abstinencia sexual favorece la actividad intelectual, y que se renuncia al vínculo matrimonial por el amor a Dios. Si Agustín, antes de su conversión, llega a proponer la rivalidad entre la mujer y Dios, Tomás de Aquino propone una Iglesia sin mujeres, no sólo como convicción, sino como consecuencia de la realidad que él observaba.
En la época de la razón ilustrada, se asiste a la muerte por guillotina de Olympe de Gouges, condenada por apoyar los derechos femeninos.5 Rousseau, a pesar de las nobles expresiones acerca de las mujeres que formuló, las sigue considerando como complemento del hombre. Él permite definir a la mujer como hermana, madre, hija, etc., es decir, el hombre sigue siendo la medida de la mujer. Immanuel Kant, en su disertación ¿Qué es la ilustración?, define: “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad.”6. Kant anuncia la emancipación de la razón de la enajenación medieval, eclesiástica. “¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!”, también incita a las mujeres, porque “Es tan cómodo no estar emancipado”.
En 1792, Mary Wollstonecraft publica Vindicación de los derechos de la mujer, debido a su instrucción autodidacta (derivada esta situación de la poca importancia que su padre dio a la educación de sus hijas), propone la educación de las mujeres de forma diferente de la que se las educa. Han sido formadas para el servilismo y para cultivar el arte de agradar, debilitando su espíritu –propone Wollstonecraft. Y anuncia el fin de esta situación.
Arthur Schopenhauer, estudia a la mujer en su obra El amor, las mujeres, la muerte y otros temas. Las describe como “niños grandes”. La mujer no es ni mejor ni peor que el hombre; son diferentes: el hombre tiene visión amplia; la mujer no ve más allá de sus narices, tienen una forma de ver la vida “más sencilla y más rápida”. Hay una contradicción fundamental en esta supuesta igualdad: que ésta, propone la inferioridad del la mujer.7
Hegel fue un filósofo que tomó muy en cuenta la diferencia, lo otro, lo ajeno a mi yo, la alteridad, la otredad; no sólo escribió sobre lo femenino, sino sobre la diferencia sexual8 (es decir, no querer medir a la mujer a partir del hombre, sino entender que la igualdad está en la diferencia): la mujer es lo celestial (la ley divina respetada por Antígona) y el hombre es el representante de la ley humana.9
La tradición marxista encuentra su punto más elevado, en cuanto al tema de la mujer, en la publicación de Federico Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en la cual plantea que, antes de la revolución neolítica, hubo una supremacía de la mujer sobre el hombre: el matriarcado existió, y este filósofo alemán va descubriendo cómo las ideas machistas se fueron imponiendo.10
El siglo XX tuvo un eco de mujer. Comenzaron a reclamar todos sus derechos, y comenzaron a liberarse de obligaciones machistas; sus derechos políticos comenzaron a ser tema (apenas hasta el siglo XX).
Comenzaron ha emerger filósofas como Simone de Beauvoir, Hannah Arendt, María Zambrano. Comenzaron no sólo a reclamar su derecho al voto activo (derecho a votar), sino también su voto pasivo (derecho a ser votadas, elegidas, derecho a ser candidatas a ocupar un puesto de elección popular).
¿Y en Tehuantepec? Históricamente se ha construido un discurso de rebeldía de la mujer tehuana. Su participación ha sido activa (no sólo como edecán y cocinera del varón que lucha en las gestas revolucionarias) en las luchas populares. La rebelión de Tehuantepec de 1660 recuerda a la Caminera, a la Crespa, como dirigentes de esta insurrección tan ejemplar para los pueblos originarios que luchan por su libertad. La revolución mexicana también mostró a la mujer tehuana tomando sus fusiles para defenderse (esto según tradición oral que le ha sido transmitida al profesor Mario Mecott, y el cual me lo ha platicado). ¿Hoy han sido arrastradas por la apatía tehuana?
Su papel en las fiestas en significativo. Una parte importante de la actual identidad tehuana está basada en la mujer de Tehuantepec, en la tehuana: su carácter, su vestido, su trabajo, su “igualdad”. Pero, presiento, esa igualdad no es del todo igualitaria.
No pretendo cambiar costumbres, simplemente que en nuestra identidad indígena no están instauradas prácticas de violencia traídas por las costumbres occidentales que nos impuso la invasión española.
En las artes siempre ha habido hombres. ¿En Tehuantepec no hay mujeres que sean buenas músicas, clarinetistas, trompetistas, saxofonistas? Y si las hay, ¿se las reprime, dejan de serlo al ser esposas? ¿Las mujeres estudian lo que su vocación les dice o lo que la sociedad y su familia les imponen (aunque esto no es privativo sólo de las mujeres)?
¿No hay pintoras en Tehuantepec? ¿O sólo la sociedad las ha ocultado? ¿No hay pensadoras o sólo se las desprecia por ser mujeres? Y ellas mismas, ¿no han aprendido a situarse abajo del varón?
Las mujeres de Tehuantepec, por tener fama de independientes, ¿no sufren un infierno dentro de sus casas? ¿No se ejerce contra ellas la violencia machista? ¿No se ejerce contra ellas la violencia económica, pisoteándoles su dignidad por ser la primera trabajadora doméstica del hogar sin recibir pago alguno? Es cierto, muchas mujeres trabajan, pero muchas no (o por lo menos formalmente).
¿Y la mujer campesina? ¿Y la que no es petrolera ni profesora? Y las mujeres de Tehuantepec ¿son felices?
No reconstruyamos en nuestro pueblo esa tendencia occidental que hemos comentado, sería una seria involución, porque esa ideología de los europeos ha sido sistemática, y habrá que desterrar ese pensamiento que define a la mujer como apéndice del hombre; como mujer que será mujer, en cuanto sepa cautivar al hombre, en cuanto sepa obedecerlo, soportarlo, sacrificándose incluso y sucumbiendo ante sus injusticias.
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1 Wanda Tommasi, Filósofos y mujeres. La diferencia sexual en la Historia de la Filosofía, Madrid, Narcea, 2002, p. 49.2 Cfr. Platón, Banquete, Madrid, Gredos, 1986 (reimpresión 2004). Sobre todo en el discurso de Aristófanes (189c-193d).3 Aristóteles, La reproducción de los animales, IV, 775a-776a10, Madrid, Gredos, 1994, p. 273.4 Agustín, Confesiones, IV 11.5 Tommasi, Ibíd., p. 108.6 Emmanuel Kant, Filosofía de la historia, México, FCE, 1981, p. 25.7 Cfr. Arthur Schopenhauer, El amor, las mujeres, la muerte y otros temas, México, Porrúa, 1998.8 Tommasi, p. 137 ss.9 Consular: Hegel, Fenomenología del espíritu, México, FCE; y Enciclopedia de las ciencias filosóficas, México, Casas Juan Pablos.10 Federico Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. En relación con las investigaciones de L. H. Morgan, Moscú, URSS, Editorial Progreso, 1981.
Comentarios
pasen muy buen dìa de la MUJER.
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