Elecciones 2009Mi pesimismo no es sino una variedad del optimismo Jean Cocteau
A medida que se aproxima las elecciones del 5 de julio, las dudas se acrecientan para un gran número de ciudadanos. ¿Por quién votar?, ¿para qué votar?, son preguntas recurrentes ante al desolador panorama que ofrece el escenario político.
Una primera conclusión se puede obtener de este ejercicio reflexivo: la decisión no estará ligada a un partido político. La crisis de la democracia representativa ha llegado a sus momentos más difíciles. Sin proyecto ideológico, identidad partidaria, congruencia con sus estatutos, los partidos hace tiempo dejaron de representar la pluralidad ideológica y la diversidad de intereses de la sociedad mexicana.
Mayo. Con la aparición de los libros de Carlos Ahumada y Roberto Madrazo, junto con las declaraciones de Miguel de la Madrid; asì como y las reacciones que generaron, nos confirmaron el nivel de complicidad y la bajeza con que se maneja la política en este país; y en este recuento nadie sale bien librado. Personajes de todos los partidos aparecen dibujados; pero más allá de los nombres devela los vicios que pasaron a ser base estructural del sistema político mexicano: la corrupción, el tráfico de intereses, la falta de institucionalidad, la complicidad, la impunidad, la ausencia de Estado de Derecho, la mediocridad, la política al servicio de deleznables intereses particulares, la injusticia, la demagogia.
Hernández, el caricaturista de La Jornada, plasmó esta situación en días pasados en su cartón Voto razonado. “Estoy en la disyuntiva –dice uno de los personajes— de votar entre el partido que hace la guerra sucia, el que pide la pena de muerte o a los que acusan de ligas con el narco”. “Yo también –contesta otro personaje—, no se si votar por quienes hicieron el cochinero en el 2006, o por quienes lo hicieron en sus elecciones internas”.
Así las cosas la decisión se vuelve cada vez más complicada. Y en el caso de los oaxaqueños la disyuntiva se reduce a votar por la continuidad de los vicios y el autoritarismo del PRI; el entreguismo y la complicidad del PRD; la connivencia y posición moralina del PAN; los traspiés y contradicciones del PC. Los otros PVEM, PASD y PANAL, sabemos que en Oaxaca son meras sucursales del priismo.
De ahí que muchos ciudadanos, están optando por definir su voto en razón de la persona, el candidato, más que la organización política que lo postula. El problema es que los candidatos en su mayoría de los casos no son sino el fiel reflejo de su partido. Un ejercicio rápido nos puede ejemplificar esta situación. Tomemos el caso de algunos candidatos de distintos partidos. ¿Por quién daría usted su voto?:
Esesarte del PRI
El candidato del PRI, en el distrito del centro, el anodino Manuel de Esesarte, ex edil interino del municipio de Oaxaca de Juárez, además de su conocida medianía, tiene acusaciones de malversación de fondos durante su gestión al frente del ayuntamiento. Amiguismo, corrupción, mediocridad, son las credenciales de este personaje.
Martínez Neri, PRD
El perredista Francisco Martínez Neri, candidato por el mismo distrito, no dejó buenas cuentas en la UABJO de la cual fue rector hasta 2008. Las irregularidades en la construcción de obras en diversos inmuebles nunca fueron aclaradas; de las que por cierto se dice que los encargados de realizarlas fueron las empresas constructoras de los hermanos Cirigo.
Se desconoce incluso el último informe del exrector que no aparece por ningún lado; parte de la problemática de la Universidad es herencia del ahora candidato, ligado desde entonces a quienes se disputan con la familia Bejarano-Padierna, la representatividad de los peores vicios del perredismo: los Círigo, liderados por René Arce.
Es a esa corriente a la que alegremente se ha sumado el ex rector. Y la muestra de su falta de coherencia se percibe en su lema de campaña, “Vota por Martínez Neri, es por la persona”; con ello descalifica a su partido y de paso se evidencia pues, si tan mal está el PRD como para deslindarse, ¿por qué buscó y aceptó la candidatura?
Ugartechea, PAN
El neopanista Luis Ugartechea. Empresario, dueño del Bar Jardín y Asador Vasco, entre otros negocios, quien afirma sin rubor que busca “ciudadanizar la política”, cualquier cosa que esto signifique, y que más que responder a abrir espacios a personas que no tienen vinculación partidaria alguna, su candidatura obedece a los intereses comerciales de una parte del panismo y a sus ligas amistosas con varios personajes de la dirigencia nacional del PAN.
Mayoral, Convergencia
El convergente Maurilio Mayoral, bonachón, es quien pone color a las campañas. Pero, aunque afable, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, como dice la conseja popular. Siendo el más rescatable (o el menos cuestionable, según se vea) no bastan, ni su desparpajo ni su bonhomía, para crear un proyecto político serio; ni el permanente discurso contestatario, rayando en muchas ocasiones en lo panfletario o su “harto de estar harto” (como dice en Vagabundear Joan Manuel Serrat), es vía para lograr su objetivo “los ciudadanos vamos a enseñarles a los políticos cómo hacer política” como ha declarado recientemente (Tiempo 29/05/09).
Tehuantepec, Tuxtepec, Cañada, lo mismo
Si revisamos el resto de los distritos, la constante es la misma. O ¿por quién votaría usted? Por ejemplo en Tehuantepec, ¿Cuál de los más preclaros ejemplos del muratismo, como Sofía Castro del PRI o el expriista Froylán Cruz Toledo del PRD, le parece una buena opción? O ¿el saqueador de Salina Cruz, González Manríquez, del PAN?
O en Tuxtepec, ¿Se anima por el excacique cañero, también compadre de Murat, el convergente José Soto? ¿O prefiere al saltimbanqui expanista Salvador Santos Sierra, que con tan malas cuentas para el ayuntamiento tuxtepecano, y que se inscribe con las siglas del PRD, siendo que su trayectoria y discursos lo ubicarían precisamente en el ala conservadora y dura de la derecha? ¿O a uno de los nuevos potentados de Oaxaca, señalado de múltiples actos de corrupción, como lo es el candidato del PRI, Eviel Pérez Magaña?
O en la Cañada, ¿por quien votaría? El cuestionado y desprestigiado priista Elpidio Concha Arellano; o por la neopanista Emilia García Guzmán, diodorista a sólo a unos grados menor que su antes compañero de partido. Ambos han sido diputados priistas por esa sufrida región.
La lista es interminable y la constante la misma en todos los distritos. Sólo algunos, los menos, pueden ser la excepción que confirma la regla, pero es a ellos a los que hay que buscar.
El contraproducente hartazgo
Pero, a contrario de quienes argumentan que el hartazgo de la política y los políticos los conduce al abstencionismo, por el contrario es necesario ejercer el voto para sacar a esta mediocre clase política.
Como se ha probado ya en distintas ocasiones (En Marcha 113, Cuando los abstencionistas deciden), no participar significa favorecer a este tipo de candidatos y partidos. Si bien en términos de rentabilidad electoral, no votar beneficia en lo inmediato al partido en el gobierno, el PRI, al obtener más posiciones, la situación no termina ahí. Esta clase política en general, mediocre como es, encuentra un asidero en los resultados electorales. Los partidos claman por los puntos porcentuales que les tocan, aunque no representen nada considerando al universo de ciudadanos.
En la actualidad, la única vía operativa que tenemos para cambiar el estado de cosas, es ejerciendo el voto. Entonces no podemos abdicar de este pequeño margen de maniobra que nos dejan a los ciudadanos. La tarea, como hemos visto, no es fácil. Requiere, un mayor involucramiento que nos permite conocer trayectoria de los candidatos, congruencia entre su discurso y sus acciones, coherencia ideológica, entre otras cosas. Por sus hechos los conoceréis, dice la sentencia bíblica que bien puede aplicarse aquí.
Incluso, pero sólo a condición de que sea una decisión última y extrema, habría que acudir a anular el voto; dejar constancia del descontento. Aunque ello, aparentemente, no causa mayores impactos en el sistema político, partidos y candidatos; sin duda, podrían ir mostrando de manera fehaciente el grado de hartazgo de la sociedad mexicana.
La movilización social
Quienes llaman a no votar y sólo apuestan por la movilización social, habrían de recordar la experiencia de 2006 en Oaxaca; una amplia movilización espontánea aporta poco si no construye un proyecto político y sí, con mirada reduccionista, cree que la gente en las calles basta para cambiar un sistema. Hay que dar la batalla en todos los frentes; la vía electoral es uno de ellos.
El sistema político mexicano, con sus errores, vicios y contradicciones, a final de cuentas es una construcción de todos. Por acción u omisión, la sociedad mexicana y la oaxaqueña, somos partícipes, y por tanto responsables, de la creación de ese Frankenstein. Nos escandalizamos y reprobamos lo que hemos creado, pero nada hacemos por cambiarlo; será acaso porque es reflejo al mismo tiempo de lo mejor y lo peor de la sociedad.
Nuestra actuación se asemeja a la novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en que en presenta la tesis de que cada persona hospeda en sí mismo a su contrario. En ella un personaje recto y sensible (Jekyll), crea una droga que lo transforma en su yo perverso y criminal (Mr. Hyde), quien paulatinamente gana terreno al grado de predominar. Entonces la parte más innoble de sí se enfrenta a su creador para poseerlo en definitiva y, dado a que lo ha llevado a realizar atroces crímenes por los que es buscado, el Dr. Jekyll se pregunta al ver que es inevitable que él sea subsumido por completo por el monstruo que creó: “¿Morirá Hyde en el cadalso, o encontrará el valor para liberarse a si mismo?”
Esa es también la disyuntiva que tenemos los mexicanos, ¿habremos de continuar rumbo al cadalso que es la crisis política-económica-social, que hace rato ya nos agobia?, o ¿tendremos el valor para liberarnos?
Esta es una tarea que hace tiempo debimos haber iniciado. De ahí que el 5 de julio debamos acudir a las urnas y tomar una decisión, votar por eliminación o anular el voto; decisión que será, por supuesto dadas las condiciones, pragmática y esperemos que sólo coyuntural.
En la medida que a fuerza de votos, pudiéramos expulsar a esta clase política que tan mal ha gobernado y tan malos resultados ha dado, podemos ir sentando las bases de una democracia que en Oaxaca, sólo existe en el discurso. Y habremos de apelar también, por un cambio en la cultura política de la sociedad. Es tiempo de reconocer y ejercer nuestros derechos, pero también de asumir nuestras responsabilidades.
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