II. En 2009, en las expectativas de la participación ciudadana esperada, en Oaxaca la situación se parece más al 2007 que al 2006. Esto es, en elecciones intermedias (de un periodo presidencial), la participación ciudadana disminuye sensiblemente y se sitúa entre el 35-40 por ciento de la lista nomina.

Una situación que, como abordamos en un trabajo más amplio en la revista En Marcha núm. 113, puede ser peor si consideramos diversos factores que en la actual coyuntura habrán de incidir en el ánimo de la ciudadanía al momento de decidir entre acudir o no a las urnas; aquí enumeramos las principales:
1. La desconfianza en el árbitro. Tras la cuestionada actuación del IFE en las elecciones presidenciales del 2006, la confianza en el organismo disminuyó gravemente; un sector importante de ciudadanos tiene la certeza de que el árbitro electoral fue imparcial y jugó a favor del candidato panista Felipe Calderón. De poco ha servido que se hayan renovado algunos consejeros; la mediana y polémica actuación del nuevo Consejo de ese organismo (como en el caso del aumento de sus salarios que luego se vieron obligados a recular), no hace sino refrendar las dudas que se tienen de él. La idea del fraude electoral, que se había ido desterrando, se convirtió, tras los comicios presidenciales del 2006, en certeza de un importante sector de la población que no votará el 5 de julio. En varios distritos electorales de la entidad e incluso respecto a la Vocalía del IFE estatal, también existen cuestionamientos y dudas sobre su imparcialidad.
2. Decepción ciudadana de los políticos. Crisis económica, inseguridad, narco, violencia, desigualdad social, pobreza; los diversos males que aquejan a México y Oaxaca en los últimos años, se han agudizado por los errores e incapacidad de gobernantes y políticos en general. Eso que llaman crisis de la democracia representativa, tiene un referente concreto en la pésima actuación de los políticos. Gran parte de la ciudadanía está harta de ellos y encuentra en la abstención una forma de mostrar su rechazo; no sabe que al actuar así, sólo está impulsado que continúen gobernando los mismos de siempre y con los vicios y prácticas acostumbradas.
3. Trapecismo político. Es común que en todos los partidos, se presenten candidatos que han militado y figurado en otros partidos políticos. Ejemplos sobran, antes priistas, muchos se encuentran ahora en las filas opositoras. O saltan sin mayor pudor del PAN (que es de derecha) al PRD (que en teoría se supone es de izquierda). En los últimos meses el PRI destaca a más no poder el lograr que personajes o presidentes municipales de la oposición se sumen al tricolor. Es decir, no importa la trayectoria política, los principios o la ideología en el tianguis electoral. Pero eso decepciona o confunde más a la ciudadanía, quien opta por no acudir a votar por estos políticos sin ética, sin ideología y sin identidad.
4. Oposición de membrete. Salvo contadas excepciones, como el caso de Convergencia (y a medias), los demás partidos están totalmente cooptados por el ulicismo. Los casos más patéticos son los del PAN y PRD, partidos en los que parece que la apuesta y los méritos de sus dirigentes es por hacerle más favores al gobierno, que por siquiera cuidar una actitud decorosa, menos aún trabajar por un proyecto político alternativo. Así, los ciudadanos se quedan sin opciones para votar, prácticamente casi todas las posibilidades que formalmente aparecen en la boleta, en los hechos vías constituyen distintas para apuntalar el trabajo del priismo y la actual clase gobernante.
5. Partidos apáticos. Por esas mismas razones, no hay un trabajo de los partidos para allegarse militantes y simpatizantes, ni siquiera en tiempos electorales. De tal forma que muchos ciudadanos difícilmente se enteran que existen otras opciones (formalmente al menos), por las cuales votar. Ante ello, no encuentran sentido ir a votar por lo mismo de siempre, que les producirá los resultados de siempre, que tan amargas experiencias les han dejado.
6. Cultura política. Por si fuera poco, hay una pobre cultura política en Oaxaca. Por múltiples factores que van desde la pobreza y marginación, hasta la bajísima calidad de la educación, a muchos oaxaqueños ni les interesa la política ni las elecciones, ni se preocupan por sus derechos y obligaciones. Los comicios así, no tienen mayor importancia, por tanto, no están dispuestos a perder el tiempo en ellos.
TRABAJANDO POR LA ABSTENCIÓN
Como hemos visto, ya por hartazgo, abulia, desconocimiento, resignación o falta de opciones, se prevé que en estos comicios se presentará un alto abstencionismo. Y en esa no participación, se encuentran razones para anticipar que el PRI no tendrá mayores problemas para triunfar en la mayoría, si no es que en todos, los once distritos electorales en que se contiende en Oaxaca.
Este diagnóstico, por supuesto, debería propiciar que candidatos y partidos políticos, trabajaran para revertirlo. No es así. Tal parece que el único que le hace caso es el PRI, pues su campaña se dirige a atender su voto duro y a inhibir la participación ciudadana, sabe que de esa forma aumentan sus posibilidades de “carro completo”.
Los ciudadanos por su parte, por hartazgo o por irresponsabilidad, habrán de convalidad con su ausencia los resultados que se presenten.
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