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El Día Internacional de la Lengua Materna se conmemora el 21 de febrero por acuerdo de la UNESCO, y se celebra desde el año 2000. La lengua es importantísima para comprender nuestra cultura. La lengua contiene toda nuestra cosmovisión, la manera como entendemos el mundo, como vemos la vida, como vemos a Dios, al bien, al mal, al universo, al cosmos o al caos, al saber; la lengua contiene toda esta información cultural de nuestros pueblos.
Según el Catálogo de Lenguas Indígenas Nacionales, en México existen 364 variantes lingüísticas, que desprenden de 11 familias lingüísticas. “La actual familia zapotecana formada por el zapoteco en general [del valle, serrano y el zapoteco tehuantepecano] y el chatino, se califica […] dentro del grupo otomangue, íntegramente mesoamericano 2.”3
Reportes del Inali (Instituto Nacional de Lenguas Indígenas) indican que están en riesgo 27% de las lenguas indígenas de nuestro país. El zapoteco es una lengua fuerte, pero débil a la vez.
Y es ahí, alerta Nava [director del Inali], donde existe un espejismo peligroso, ya que si vemos el censo general de población, observamos que hay casi medio millón de hablantes del zapoteco; sin embargo, al analizar de manera diferenciada, notamos que la variante del Istmo es una lengua muy vigorosa, mientras que el zapoteco de Mixtepec está en alto riesgo de desaparición, por su bajo número de hablantes. El zapoteco de San Felipe de Jalapa y de Asunción Tlacolulita también tienen menos de 100 hablantes.4
Ahora bien, ¿esto no puede darse incluso dentro de la misma variante lingüística? Es decir, que en la misma variante del zapoteco tehuantepecano haya esos contrastes de vitalidad y agotamiento dentro de los mismos pueblos del Istmo. Yo creo que sí. Por ejemplo, el zapoteco en San Blas Atempa, afortunadamente, es muy fuerte (aunque es alarmante el número de préstamos lingüísticos que toman del di’dxastiá 5), la mayoría de la población lo sabe hablar. En Tehuantepec ya no tanto, ya no mucho. La generación de abuelos (que ya se están yendo) son los que lo hablan (aunque no lo practican); la generación de padres (algunos), lo entienden; la de hijos, la mía, ninguna de las dos cosas.
Podríamos argumentar un poco sobre esta pérdida en nuestro pueblo, pero sólo mencionaremos que, entreveo, esto fue una política en materia de educación por parte del Estado mexicano, allá por los años veinte, treinta y posteriores. A las abuelas y abuelos se les reprendía y castigaba si hablaban el zapoteco, pues, argüían, impediría aprender de forma correcta el castellano, lengua que en esos tiempos era considerada como símbolo del progreso, y el zapoteco, emblema del atraso.
Somos una generación que conserva hoy en día, paradójicamente, al zapoteco sólo como préstamo lingüístico del español, es decir, conversamos y usamos el español, con algunas pocas palabras del zapoteco. Es cierto, no hablamos nuestra lengua madre; deberíamos promover su reparación y su uso cotidiano para revivirla y reavivarla de su cercana muerte. San Blas es un paradigma, es más, es un enigma, ¿por qué ahí no ha disminuido el uso del zapoteco? No funciona tanto como una periferia, que sería lo que los filólogos señalan como los lugares en donde tarda más en desvanecerse una lengua. ¿A ellos no los reprimían en la escuela?, ¿qué ha sucedido ahí?
Nosotros los jóvenes no tenemos culpa por el desuso en el que ha caído el zapoteco en Tehuantepec, pero sí seremos culpables si no hacemos algo por revertir esta realidad.
Ahora bien, ¿qué significa zapoteco? Zapoteco, según un diccionario del náhuatl, significa “Abreviación de binni zá, gente de las nubes, y del náhuatl pochtécatl, comerciante”6, es decir, los comerciantes que provienen de las nubes, que es como los zapotecas se autonombraban.
Enrique Liekens combatió ese gentilicio para los binizá en su discurso Los zapotecas no son zapotecas sino zâes 7, ya que intentó hacer un estudio etimológico sobre el gentilicio binizá, para eliminar zapoteca y zapoteco y sustituirlos por binizá y didxazá, respectivamente. ‘Bini’, gente; ‘zaa’ nube, gente de nube, o que vino de las nubes. ‘Di’dxa’, palabra; zaa, nube; palabra o lengua de las que vinieron de las nubes.
Es verdad aceptada ahora ya estas voces, pero aún seguimos usando ‘zapoteca’ para indicar nuestro origen étnico y ‘zapoteco’ para nombrar a nuestra lengua. Seguimos teniendo la reminiscencia (aunque esta voz suena muy suave) de la dominación cultural de los nahuas.
El nombre de nuestro pueblo, ¿qué significa? 8 “En el monte de las fieras. Tecuantepe-c. De tecuani, fiera, tépetl, cerro, -c, part. Locativa.” 9 Pero veamos un diccionario un poco más especializado y que profundiza en mayor grado en las palabras del náhuatl. Este otro diccionario dice que ‘tequani’ (que es la voz que quiero darle una interpretación más amplia) significa “Animal salvaje, venenoso; persona malvada, cruel, devorador de hombres, antropófago; tequani coatl, serpiente venenosa” 10. Advertimos que tequani ni siquiera hace referencia al tigre 11 (que así llamaremos al jaguar) o a ningún felino, sino a las fieras en general (es decir que el tigre sería una especie del género “fiera”). En el Cerro de las Fieras, dice que significa Tehuantepec. Pero ¿qué fieras? Podría(n) ser incluso “persona[s] malvada[s]”, “cruel[es]” “antropófago[s]”. Podría ser que haya habido muchas serpientes venenosas, etcétera. Nadie ha explicado (por lo menos de forma seria) por qué precisamente se refieren al ocelotl para concretar al tequani. Sólo hacemos referencia a ese mito que el compañero Lukas Avendaño discute.
Necesitamos, pues, profundizar en esto. Requerimos personas especializadas en ello. Vamos a replantear todo lo que creemos, para, en vez de creer, ahora saber (si es que es posible). Ay, zapoteco, zapoteco, yo sé que morirás el día en que muera el sol.12
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1 De un poema de Gabriel López Chiñas, Di’dxazaa, o el zapoteco. 2 La región mesoamericana una región que, etimológicamente, puede significar, en medio de América, la parte central del continente. Dice López Austin: “es una secuencia milenaria de sociedades fuertemente vinculadas entre sí”. Aunque esa vinculación no necesariamente tiene que ser homogeneidad; aunque estaban vinculadas las culturas, eran muy diferentes. Ver Alfredo López Austin, Los mitos del tlacuache. Caminos de la mitología mesoamericana, México, IIA-UNAM, 2006, pp. 27-31. 3 María Teresa Fernández de Miranda, El protozapoteco, edición a cargo de Michael J. Piper y Doris A. Bartholomew, México, Colmex/INAH, 1995, p. 1. 4 Alondra Flores, “En riesgo, 27% de las lenguas indígenas de nuestro país”, en La Jornada, Cultura, 27/08/08. 5 Voz: Castellano. Vocabulario castellano-zapoteco del año 2000. Homenaje al Dr. Gustavo Toledo Morales, Tehuantepec, México, Taller de Lengua Zapoteca fray Juan de Córdova, 2000, p. 65. Intuyo que originalmente era di’dxa castilla, pero por la tendencia de los zapotecas a apocopar, derivó en di’dxastiá. 6 Carlos Montemayor (coord.), Diccionario del náhuatl en el español de México, México, UNAM/GDF, 2008, p. 305. 7 Cfr. Enrique Lienkens, Los zapotecas no son zapotecas sino zâes. Ensayo etimológico y semántico de la voz zâ, México, Gobierno del estado de Tabasco, 1952. 8 Esta parte tiene mucho que ver con el excelente estudio del compañero Lukas Avendaño sobre la posible distorsión que se le ha dado al mito del Cerro del Tigre, que se publicará en el número seis de Ciudad Principal (Guique Guidxi); el estudio mencionado es antropológico; intentaré ahora unas muy pequeñas consideraciones filológicas. 9 Carlos Montemayor, Ibíd., p. 230 10 Rémi Simeón, Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana, México, Siglo XXI, 2006, p. 508. Voz: tequani. 11 Que propiamente sería ocelotl. Ver Rémi Simeón, Ibíd., p. 352. Voz: ocelotl. 12 Del mismo poema de López Chiñas.
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Comentarios
Saludos de un binizá que mantiene como una de sus grandes frustaciones vitales no hablar didxazá.
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