Cuando el hoy fallecido Alfonso Aguilar Zinser era embajador de México ante la ONU, declaró en la Universidad Iberoamericana que México era el “patio trasero” de los Estados Unidos (EEUU), porque los estadunidenses no nos veían a los mexicanos en el papel de socios (como a los países europeos), sino como eso, como el traspatio. Hubo una andanada de recriminaciones hacia Aguilar Zinser por su antipatriotismo verbal; Fox dijo que a los mexicanos no nos gusta que nos digan eso. Es cierto, no nos gusta, pero es la verdad.
México muchas veces ni siquiera funciona como el patio trasero de EEUU, sino como su basurero. No suena bonito, pero, otra vez, es la verdad.
Nuestro país vive una situación de degradación social desde hace años. Una transición fallida agravó la situación, el fraude electoral encumbró a un gobierno debilísimo, demasiado frágil, deleznable1, que le es imposible, debido a su ilegitimidad, enfrentar con la fuerza legítima del Estado a los que tienen la fuerza a secas (crimen organizado).
Y en donde se está concentrando más la violencia, los asesinatos, las ejecuciones, es en el norte de México.
Chihuahua. Ciudad Juárez. Feminicidios. Este es un neologismo que ya se usa en todo el mundo (que surgió en México) a partir de las muertas de Juárez, con el cual se indica el asesinato de mujeres con fisonomías similares, de edades oscilantes en una media y con prácticas de tortura antes de ser ultimadas. A la fecha se han documentado cerca de 1,060 casos desde 1993. En este problema subyace el machismo, la impunidad, la injusticia social, el racismo. En el fondo está el miedo del hombre a la mujer sin miedo, ya que el gobierno del estado de Chihuahua hostiga a las madres de las víctimas que claman por justicia. Aparte de ser violentadas por la pérdida de sus hijas, son hostigadas por luchar por su memoria y conocer la verdad de los hechos.
En el mundo ya se usa ese término para indicar este tipo de crímenes. Y en México no sólo es el caso de Ciudad Juárez. Recientes informes han mostrado que dos de los estados de la república con más asesinatos de mujeres son el Estado de México y… Oaxaca. El Istmo no se queda atrás, por los recientes hechos que se han dado conocer de los brutales asesinatos de mujeres en Salina Cruz, cuyos cuerpos aparecen en otros lugares. Es una descomposición social generalizada.
Cualquier intento por darles voz a las víctimas es plausible y digno de ser visto y escuchado. Sobre esta problemática se han hecho varios trabajos cinematográficos: El otro sueño americano (Enrique Arroyo, 2005), cortometraje en el cual actúa Amorita Rasgado, y que se hizo acreedor a los premios: Mejor actriz en el Festival Pantalla de Cristal, y Mejor cortometraje en el Festival de Crelmont-Ferrand de Francia; Bajo Juárez, la ciudad devorando a sus hijas (2006); Madres de Juárez luchan por la justicia (2005), y ahora se estrenará, el próximo 20 de febrero en todos los cines de la república, Backyard, el traspatio, de Carlos Carrera (director igualmente de El crimen del padre Amaro), en la cual de igual forma participa la actriz tehuana Amorita Rasgado.
La película se filmó en Ciudad Juárez (es la primera que trata esta temática y es filmada en esta localidad), bajo una lluvia de balas; bajo la amenaza de los criminales gobernantes, empresarios, sicarios y demás fauna nociva. Confinados en el set de grabación por la violencia de Juárez. Actúan en esta película: Ana de la Reguera, Joaquín Cosío, el estadunidense Jimmy Smits y la ya mencionada actriz tehuana Amorita Rasgado. El libreto es de una de las más grandes dramaturgas mexicanas de la actualidad: Sabina Berman.
El arte, como siempre lo he defendido, tiene que dar voz a los que no tienen voz, a las víctimas, a los ofendidos, a los excluidos, a los feos, los que se han vuelto, con sus muertes, una cotidianeidad apocalíptica. Aterra el pasmoso silencio de la gente buena. Espanta el ya no perturbarnos de nuestra violenta realidad. Nos han acostumbrado a ver los asesinatos de los otros, de las otras, como algo natural: la muerta número mil en las grises estadísticas de los corruptos, ladrones, cínicos, es decir, de los malos gobiernos.
Por eso es más actual que nunca el ver este tipo de trabajos. Amorita Rasgado ha participado en cintas de contenido social: El otro sueño americano (ya comentado en párrafos anteriores), El violín (Francisco Vargas, 2006), que muestra la realidad de los abusos del Ejército mexicano contra las comunidades acusadas de ser guaridas de “transgresores de la ley”, y Backyard, el traspatio, que como El otro sueño americano trata la problemática de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. Es encomiable que esta actriz tehuana represente la voz de los atormentados del sistema. Es loable que su hasta hoy corta carrera la dedique en mayor medida a engrandecer la otra mirada de la situación, que saca a flote la realidad escondida o mentida por los poderosos, que encarna a los de abajo, a los que hoy por hoy no son vistos como una muerte que merezca la pena de ser llorada. Los pobres mueren, y a lo que sigue.
¿De qué sirve el arte si no libera, si no toma partido? ¿Sólo servirá como anestesia social, para sedar el descontento de la mayoría para que los de arriba sigan en su paradisíaca impunidad?
Se acerca una vez más el día internacional de la mujer (el próximo 8 de marzo). ¿Qué se festeja? ¿O es un duelo por las que han muerto por la violencia intrafamiliar, por la violencia machista, por la violencia de una sociedad cegada por el terrorismo visual que atenta contra nuestra inteligencia?
Otro día más sin ellas, sin nuestras muertas, porque son de todos, de todas. Otra hora más sin saber de ellas, de nuestras hermanas, de nuestras compañeras de clase, de trabajo. Otro segundo más y no han vuelto…
Gracias por esta película, que muestra lo que ellos no quieren que se vea, pero que es necesario ver. Gracias a esos grandes artistas, por todo… por ellos, por ellas, por nuestras hijas de regreso a casa…
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