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"2 de octubre ¡Sí se olvida!" PDF Imprimir E-mail
Cultura - Artículo
Escrito por Juan Manuel y Fabiola   
Jueves, 15 de Octubre de 2009 17:27

“2 Octubre, ¡Sí se olvida!”: Oaxaca nos sigue doliendo (parte II)


Octubre es un mes lleno de fechas históricas. Por mencionar las más consideradas entre los movimientos sociales de izquierda; comenzando por el 2 de Octubre de 1968, con la matanza de Tlatelolco, pasando por el día 9, pero de 1967, en que fue asesinado el Comandante Guerrillero Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido por “el Che”. Luego, el 12 de Octubre de 1492, día en que la desgracia llegó a nuestras tierras desde el otro lado del Atlántico. Día del encontronazo de nuestras culturas y las venidas del continente europeo.

Por ahora, nosotros seguimos en el 2 de Octubre. En la primera entrega hicimos una serie de afirmaciones, la principal fue: que much@s de l@s que dicen luchar “por el pueblo” sí han olvidado el 2 de Octubre, no obstante que salieron a marchar ese día. Pero, sobre todo, los líderes de ciertas organizaciones, ya que afanosamente se empeñan en continuar haciendo política a la vieja usanza y, lo peor, en su intento pretenden arrastrar al movimiento social y a la gente sencilla. Sus tiempos son los que les marcan allá arriba y bailan al son que les toquen. En la presente reflexión queremos desarrollar el argumento: los muertos, nuestros muertos, tanto los del 68 como los del 2006 (en Oaxaca) no lucharon para que el sistema los integrara a sus juegos y lógicas de funcionamiento, lucharon para destruir el sistema y construir un mundo justo y libre.

En primer lugar, el movimiento estudiantil-popular de México, en 1968, cuestionó las formas convencionales de entender y vivir la política. Lucharon por no tener líderes, en su lugar se organizaron a través de las asambleas de escuelas y nombraban “representantes” con carácter revocable y sin poder de decisión, los cuales conformaron el histórico Consejo General en Huelga (CGH). Por esa razón, las organizaciones que pretendieron “conducir” al movimiento y usarlo a su favor fracasaron en su intento.

Uno de los argumentos centrales para dotarse de modos diferentes de hacer política fue, precisamente, que estaban hartos de los supuestos “representantes”, de derecha, de izquierda o de “centro”, quienes a la primera oportunidad se transformaban en “manda más”, decidían por sus “representados” y usaban deshonestamente el cargo en beneficio propio o de grupos minoritarios. Ellas y ellos, l@s jóvenes del 68 no querían eso, también por esa razón, jamás aceptaron diálogo “privado” con los gobiernos. Diálogo, “sí, pero público”, fue su consigna. Dos modos muy inteligentes de evitar que los líderes, voceros o representantes, traicionen y suplantaran a sus propios movimientos.

En Oaxaca, en el 2006, sucedió algo similar. Más allá de las organizaciones que asumen convencionales formas de hacer política, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) se planteó a sí misma ser el espacio de los pueblos para hacer política de otras maneras. Se resistió a dotarse de líderes y en su lugar nombró primero una Coordinadora provisional, y luego un Consejo, en la idea comunal (indígena) del término. Se trató de un movimiento “del pueblo-pueblo, no de líderes ni de organizaciones”, como bien lo remarcó esa frase tan célebre que recorrió el mundo en 2006. Su demanda central, la caída del gobernador respondía a ese anhelo de ejercer el poder, y no sólo de delegarlo o acotarlo. Quitar a un gobernador autoritario y nefasto que, además, había llegado al cargo mediante fraude, constituía el precedente y la condición para comenzar a recuperar la capacidad personal y colectiva de decidir siempre y en todo momento.

Otra característica que comparten ambos movimientos fue su carácter masivo, el modo en que emergen y el tiempo prolongado de su “esplendor”. El movimiento del 68 movilizó a centenas de miles, principalmente en la capital del país, aunque no sólo allí. El movimiento oaxaqueño de 2006 movilizó a cerca de mitad de la población total de la entidad (a más de un millón) y tampoco se centró en la ciudad capital. Ambos movimientos aparecieron públicamente a partir de actos represivos policiacos y, lamentablemente,  los dos fueron aplastados (o por lo menos, obligados a seguir otras rutas) brutal y sanguinariamente por la fuerza del Estado. Ambos se prolongaron por alrededor de medio año. El 68 (del Distrito Federal) comenzó en julio y concluyó a finales de ese año y principios del 69; el 2006 oaxaqueño comenzó (en términos de visibilidad pública y masividad) el 14 de junio y concluyó su etapa álgida el 25 de noviembre. Ojo, no estamos diciendo que hayan nacido y concluido en esas fechas.

El papel de organizaciones como el Partido Comunista de México, el histórico, en poco difiere al que vienen jugando organizaciones similares. Aquél Partido Comunista no sólo no apoyó a los insurrectos sesenta y ocheros, sino que pretendió dirigir el movimiento y usarlo para conseguir su legalización y su registro. Cuando no lo consiguió, ese Partido Comunista se lavó las manos frente a la represión. En Oaxaca, las organizaciones que adscriben alguna ideología supuestamente marxista, intentaron (e intentan) de mil modos “dirigir” al movimiento e imponerle sus esquemas organizativos y sus programas “de lucha”. Después de la brutal represión de noviembre, la disputa de lo que queda de la APPO es por quien impone a l@s otr@s sus ritmos, sus modos y sus anhelos (y/o frustraciones). Esas prácticas políticas, como en el 68, sólo han contribuido a la diminución y al debilitamiento del movimiento.

El 2 de Octubre “sí se olvida”. Por fortuna, el movimiento no son los líderes, ni tampoco las personas que terminan asumiendo una religión revolucionaria o “modernizante”. La felicidad no está en la cantidad de cosas que poseemos o podemos obtener, ni mucho menos en la facilidad con que la obtengamos. El espejismo de la “modernidad” pesa mucho y nos carcome. Delegar en otr@s nuestro derecho y responsabilidad de decidir a la larga se vuelve insoportable. ¿Por qué no nos decidimos de una vez y comenzamos a cambiar de verdad?

El movimiento somos tod@s aquell@s que nos movemos cotidianamente contra corriente, construyendo (con otr@s) y compartiendo el mundo justo y libre que anhelamos. La política de la irresponsabilidad, o sea “la de las urnas” y la de la “delegación” no tiene más lugar en nuestros hogares, como no la tuvo en la de nuestros caídos en el 68 y en el 2006.

 

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