1. Leopoldo Valenzuela, de Durango denunció la desaparición de su hijo, colaboró con las investigaciones, terminó asesinado. Marisela Escobedo de Chihuahua que exigió justicia por el asesinato de su hija Rubí, recorrió todas las “instituciones de justicia”, también fue asesinada. Asimismo Álvaro Sandoval (el “héroe de Juárez”) también de Chihuahua, fue ejecutado, y ahora Nepomuceno Moreno que al ser asesinado su hijo exigió justicia, participó además en las caravanas de la paz con justicia y dignidad, encabezada por Sicilia, fue asesinado ayer. Pero así como los gobiernos del PRI, los del PAN usan el mismo argumento mentiroso: los matamos porque eran parte del narco, o porque no quisieron parar su automóvil cuando se les indicó, o porque los confundimos o, de plano, porque llevaban mucha droga en su vehículo. ¿Cuándo un gobierno va a reconocer que es asesino?
Armonizar las leyes para garantizar una vida libre de violencia para las mujeres y otros aspectos que favorezcan la creación de una legislación que garantice su desarrollo basado en sus derechos como ciudadanas pasa en Oaxaca por una serie de dolorosas realidades. Las y los diputados están obligados a documentarse, a estudiar y a entender de qué se trata, prefieren hacer como si nada pasara y en lugar de dar una respuesta a acorde a garantizar esos derechos humanos, siguen en medio de disputas políticas, partidistas o de grupos.
En tiempos de crisis, la agricultura y la alimentación se están consolidando como uno de los negocios más lucrativos… no para agricultores o consumidores sino para transnacionales e inversionistas. El motivo es sencillo: una familia puede dejar de pagar la hipoteca pero siempre tendrá que comer. Ya desde hace décadas que la cadena alimentaria (semillas, agroquímicos, distribución, etc.) estaba “oligopolizada” y en manos de unas pocas transnacionales que se están lucrando a toda costa.
A propósito del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres…¡Totalmente Indignadas! La lucha contra la violencia hacia las mujeres se ha hecho visible en las últimas tres décadas en México, gracias a que los grupos feministas empezaron a hablar del tema y a cuestionar el papel del gobierno para establecer la atención inmediata a las víctimas, con el tiempo demandaron crear e implementar programas institucionales para combatir el problema y, finalmente dicho en tres líneas, legislar, crear figuras como el delito del feminicidio y la violencia feminicida.
Este México que se refleja todos los días en la información o tal vez en el andar cotidiano es un país que no nos gusta a miles, a millones de personas. Es común que lo importante sea desplazado por lo urgente. Que los programas sean sólo ocurrencias para salir del paso. Que contra la pobreza se inventen dádivas. Qué la democracia sea un discurso partidista y no una decisión verdadera de la ciudadanía. Que la política sea sinónimo de enriquecimiento ilícito. Que la inteligencia nunca se premie tanto como la voracidad. Qué la mordida al servidor público sea común y acto corriente. Qué la violencia contra la mujer no tenga respuesta institucional. Que la libertad de expresión se socave lentamente con malas respuestas, con condicionamientos, advertencias y crímenes.